TAXI, TAXI

Entre el rumor constante de la ciudad y su caos vehicular y el de las rutas públicas, discurren cotidianamente, de manera casi militante una pléyade, un ejército, una especie singular de vehículos; sin la cual, difícilmente esta ciudad sería viable. Los Taxis, así se llaman a los automóviles que prestan servicio de transporte privado, taxi es uno de los vocablos más universales, tal vez el más global, se define por sí mismo. Pero como casi todo en esta era del recuerdo incas dorados, de calzadas levantadas so pretexto del mejoramiento de la transitabilidad” (menudo neologismo) vehicular u y peatonal; el tema del transporte y de los taxis fundamentalmente, merece algunas reflexiones y datos por compartir. Herederos de los coches de caballo de alquiler del siglo XIX, los taxis modernos, entendidos como automóviles con motor, aparecieron en el mundo los primeros años del siglo pasado. Ya en 1924, los diversos ayuntamientos y municipalidades de las principales ciudades del mundo aprobaron Códigos de Circulación, que entre otras medidas, dispusieron el uso obligatorio del taxímetro e impusieron una raya pintada bajo la ven
tana de los pasajeros y la parte posterior de cada taxi para identificarlos mejor. En Barcelona por ejemplo el color variaba según la tarifa: blanca, 40 céntimos por kilómetro; roja, 50 céntimos; amarilla, 60 céntimos y azul, 80 céntimos por kilómetro etc. Pero no pretendo sumergirme en una lección de la historia del taxi en el mundo, y mucho menos en nuestra ciudad; realmente desconozco cuándo iniciaron sus operaciones en el Cusco, pero supongo que ha de haber sido también alrededor de los años 45 a 50, cuando había una central telefónica en algún poste de la Plaza de Armas, y el antecedente más exacto esta en los tranvías del Cusco; de los cuales se sabe que la empresa Ferrocarril Urbano del Cuzco, ordenó 4 vagones a la J. G. Brill, en febrero de 1910. (Brill Magazine, 7/1910, pp. 212). Nótese que entonces había una mejor organización empresarial al respecto. Algunos datos de 1920, indican que la gente del Cuzco prefería caminar, por lo cual generalmente los tranvías, transitaban sólo cuando los trenes llegaban a la estación transportando turistas. Sin embargo hoy debo reconocer que el aporte de los taxis es fundamental, sobre todo si tenemos en cuenta que no existe en nuestra urbe un sistema de trasporte público, sea privado o gestionado por la municipalidad o algún estamento de gobierno. Los taxis cubren todo aquello que en nuestra ciudad el gobierno o administración de la urbe ha sido y es incapaz de realizar desde hace más de un siglo. Siendo como es la nuestra, una ciudad turística; los taxis deben ser casi nuestra tarjeta de presentación, debo subrayar que últimamente muchos de aquellos que se dedican a esta profesión han hecho un gran esfuerzo por modernizar sus vehículos, y hasta por mantenerlos limpios. En un esfuerzo voluntarioso, pero aún ajeno a las autoridades. Esfuerzos que son muy adecuados. Pero que no pueden ir en un solo sentido.
Es preciso que se suscriba un plan de transporte público, antes que pensar en poner monumentos huachafos o moles de concreto, se debe uniformizar los vehículos que presten este servicio, se debe afrontar la regulación y promoción adecuada de este servicio. Los taxistas deberán profesionalizarse, habida cuenta que son un poco policías, tienen algo de guías, son transmisores de cultura, y en otros casos hacen de encuestadores y por su puesto seguirán siendo trasportadores de personas. De momento es imperativo erradicar la mala costumbre de hacer de los taxis botaderos de basura, y que algunos taxistas conviertan sus unidades en letrinas móviles; o que por ellos, se conviertan algunas esquinas en paraderos informales donde campean sabrosos estafados y caldos, mientras que otros parajes son casinos ambulantes. La labor del taxista es neural, y así debe ser reconocida y ejercida, el Cusco merece tener mayor dignidad en y para sus trasportadores de personas. El municipio debe tomar nota de esta situación, es la entidad llamada a dirigir y disponer de este tema, salvo que a algún alcalde le incomode asumir su obligación de regular este tema. Creo que es oportuno plantear el uso de taxímetros, y programas financieros que permitan estandarizar el tipo de vehículo usarse, distinguirlos y dotar a este servicio de infraestructura en la ciudad como paraderos, comedores y áreas de recreo y descanso, integrarlos a una red de vigilancia ciudadana, y así darle personalidad a este servicio, que bien podría y debería ser una de nuestras cartas de presentación como gran urbe que es nuestro Cusco. Hace falta abordar estos temas del transporte, de las taxis; de garantizar niveles de calidad servicio y proporción en el pago por el servicio. Es tiempo de dejar de ver a estos miles de vehículos y ciudadanos como bolsones electorales únicamente.
Jose

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