JAPU NACIÓN Q’ERO: TRAGEDIA DEVELÓ PRECARIEDAD EN ZONAS LEJANAS

Trochas carrozables, transporte y señal telefónica precaria; además carencia de centros de salud.

Un accidente ocurrido el pasado lunes 18 de mayo en inmediaciones de la comunidad de Japu – Nación Q’ero develó la precariedad en la que viven nuestros hermanos del ande donde el Estado parece haberse olvidado de atender las necesidades que tienen y que en cada proceso electoral es mo­tivo de compromiso para que puedan ser resueltos.

Aquella fatídica tarde, los pobla­dores de la comunidad retornaban de un sepelio donde despidieron a uno de sus vecinos en un espacio que ellos utilizan como cementerio. Como ocu­rre en lugares alejados, el único medio de transporte que utilizan las personas son camiones, por ello ese día más de 40 personas subieron a la tolva de un vehículo que pusieron a disposición los familiares del difunto, sin presagiar que este iba a volcar y más comuneros perder la vida.

MALA MANIOBRA. El vehí­culo avanzó lentamente por la trocha que los pobladores llaman una carre­tera angosta, había demasiado peso en el vehículo, lamentablemente el conductor quiso bordear una curva cerrada con mucho cuidado, pero el motor del camión se apagó, el vehí­culo retrocedió por el peso y volcó en el abismo. “Había muchas personas, más de cuarenta, sobre peso. Se apa­go el vehículo solo recuerdo gritos y llanto, estábamos desesperados cuan­do el camión retrocedía” contó uno de los sobrevivientes a este accidente. Se conoció que en el vehículo viajaban, mujeres, varones, niños y ancianos.

Posterior a esta momento de te­rror, los pobladores que presentaban lesiones leves intentaron ayudar a los otros comuneros, no había ambulan­cias, la señal telefónica era deficiente y el centro de salud más cercano estaba a seis horas de viaje en Ocongate. “Se envió ambulancias a penas conocimos del hecho, algunos se daban alcance en la carretera cuyo acceso era complicado por la condiciones de la vía, no había señal de teléfono, estábamos práctica­mente incomunicados. Los primeros heridos pasaron un triaje rápido en el centro de salud de Ocongate para cau­telar su integridad y de ahí algunos por la gravedad de sus lesiones fueron re­feridos a hospitales de la ciudad, desde ese establecimiento de salud a Cusco son cerca de tres horas, en las ambu­lancias se les brindaba la atención pri­maria” indicó Hilda Pillco, integrante del Equipo Técnico de Monitoreo y Desastres de la Geresa Cusco.

TRAGEDIA. La tragedia dejó seis fallecidos y decenas de heridos. Varios quedaron internados entre el Hospital Regional de Cusco y el Hos­pital Antonio Lorena, algunos con fracturas severas, lesiones internas y traumatismos graves. Se conoció que una mujer estuvo a punto de morir durante la madrugada tras presentar complicaciones en su estado de salud. Otros pacientes continúan internados, debido a que el proceso de recupera­ción será largo, en tanto los familiares aun están pendientes al alta médico de ellos, por ello buscan espacios para pernoctar, muchas veces lo hacen en los pasillos de los nosocomios. “Espe­rare a que me digan que ya puedo lle­varme a mi hija, ella esta aquí (señala el hospital Regional) a mi me atendie­ron en una clínica, pero estoy mejor (…) no podría regresar a mi pueblo sin mi hija porque es lejos, tengo que viajar nueve horas y a veces no hay ca­rro. Tengo que llevar a mi hija” señaló Santos Zamata, otro de los sobrevi­vientes.

Además, se conoció que la situa­ción es más triste en Japu, donde más de diez niños quedaron huérfanos. Al­gunos son bebés. Uno de ellos apenas tiene un mes de nacido, perdieron al único sustento del hogar.

OLVIDO. Esta no es la prime­ra tragedia, hace algunos años una joven profesora murió en otro acci­dente similar cuando viajaba hacia Japu. También se registraron casos de intoxicación de menores y denuncias relacionadas con minería ilegal en sec­tores cercanos. El ‘patrón’ de atención sigue siendo el mismo; aparecen au­toridades, promesas, discursos y visitas breves. Luego desaparecen y dejan en el olvido a los pobladores de esta zona lejana.

En esta nueva tragedia, también se advirtió como algunos pacientes no tenían el SIS activo o simplemente no tenían DNI. Otros no podían retirar cadáveres debido a cobros hospitala­rios. Incluso el único camión que tras­ladaba a los comuneros aquel fatídico día no contaba con SOAT.