LOS GRANDES PERDEDORES DE LAS ELECCIONES

El Cusco castigó candidaturas recicladas, figuras mediáticas y campañas cargadas de ruido político, dejando un mensaje incómodo para buena parte de la vieja clase política regional.

Las últimas elecciones dejaron algo más que ganadores y nuevas fi­guras políticas. También expusieron, con una crudeza pocas veces vista, el desplome electoral de varios perso­najes que durante meses se mostra­ron como favoritos, futuros alcaldes, gobernadores o líderes regionales. Algunos tenían presencia mediática permanente, otros cargos públicos, caravanas, equipos políticos o cam­pañas intensas en redes sociales. Sin embargo, cuando llegó el momento de contar votos, el resultado fue de­moledor: el Cusco les cerró la puerta.

Uno de los casos más comenta­dos fue el de Fermín García Fuentes, quien hoy vuelve a sonar como posi­ble candidato a la alcaldía de Santia­go. En las elecciones internas de Po­demos Perú para definir candidaturas al Parlamento apenas logró 2,042 votos. La cifra, aunque suficiente para encabezar una lista interna marcada por baja participación, dejó abierta una pregunta incómoda: cuánto res­paldo real conservan algunas figuras políticas que insisten en volver una y otra vez al escenario electoral.

El caso de Edith Herrera García terminó convirtiéndose en una de las mayores paradojas políticas de la campaña. Pese al escándalo nacional que protagonizó tras ser detenida en la comisaría de Santiago por presun­tos actos de violencia y expresiones discriminatorias contra un policía, finalmente sí apareció en la cédula electoral como candidata al Parla­mento Andino por Podemos Perú. Aunque el partido anunció pública­mente su retiro y expulsión, la can­didatura siguió en carrera. A nivel nacional obtuvo más de 16 mil votos, pero en el propio Cusco, donde esta­lló el escándalo y circularon masiva­mente los videos, apenas consiguió 44 votos. Las urnas parecieron marcar una distancia mucho más fuerte que cualquier comunicado partidario.

Otro golpe político cayó sobre Abel Paucarmaita Tacuri, médico y funcionario público que ahora busca proyectarse como posible candidato al Gobierno Regional del Cusco por Perú Primero, agrupación vinculada al expresidente Martín Vizcarra. Como candidato a diputado obtuvo exacta­mente 3,010 votos en toda la región. Es decir, de más de un millón de elec­tores cusqueños habilitados, apenas poco más de tres mil marcaron por su candidatura. La cifra abre inevita­blemente el debate sobre el verdadero nivel de arrastre electoral con el que algunos personajes intentan construir futuras campañas regionales.

El panorama tampoco fue favora­ble para varios postulantes de Progre­semos. Wilberth Silvestre Felices Vi­llafuerte, mencionado anteriormente en investigaciones vinculadas al caso “mocha sueldos”, apenas alcanzó 1,703 votos. Mientras tanto, Gilmar Gavancho Valenzuela, quien inten­tó posicionarse como figura política a través de TikTok y redes sociales, consiguió solo 349 votos en Cusco. Pero quizá el golpe más simbólico dentro de esa agrupación fue el de la actual congresista Jhakeline Katy Ugarte Mamani, quien buscaba llegar al Senado y terminó obteniendo ape­nas 22 votos en la ciudad del Cusco.

El mensaje político detrás de ese resultado resulta especialmente duro. Incluso candidatos con escasa pre­sencia pública o cuestionamientos terminaron superando electoralmen­te a una autoridad que ya ocupó una curul en el Congreso. Las cifras pa­recieron reflejar algo más profundo que una simple derrota electoral: un evidente desgaste político y un fuerte rechazo ciudadano hacia figuras que, pese a mantenerse en cargos públicos, ya no logran conectar con el electo­rado.

La vieja política cusqueña tampo­co logró escapar del castigo electoral. Mariano Baca Anaya, uno de los ros­tros tradicionales que volvió a tentar suerte como candidato al Senado por Alianza para el Progreso, obtuvo ape­nas 353 votos a nivel nacional y solo 34 votos en la ciudad del Cusco. Una situación similar enfrentó Luz Rebe­ca Cruz Tevez, quien apenas consi­guió 25 votos en la capital regional. Ambos casos terminaron mostrando cómo ciertas figuras históricas pare­cen haberse quedado atrapadas en un pasado político que las urnas ya no están dispuestas a revivir.

Ni siquiera personajes acostum­brados al protagonismo público lo­graron convertir notoriedad en votos. El conocido dirigente de transpor­tistas Estanislao Alegre Atapaucar, tantas veces visible en protestas y movilizaciones, obtuvo apenas 118 votos como candidato a diputado por el Partido Patriótico del Perú. En la misma agrupación, la actual regidora de la Municipalidad del Cusco, Eli­zabeth Mónica Nieto Álvarez, consi­guió solo 620 votos en medio de un escenario complicado marcado ade­más por un proceso de vacancia.

Otro grupo de autoridades regio­nales y municipales también terminó golpeado por las urnas. El regidor cusqueño Antero Rufino Huamán Velasco alcanzó 1,186 votos como candidato a diputado por Somos Perú. El consejero regional Ítalo Tar­co Góngora obtuvo 2,081 votos y Herbe Olave Ugarte consiguió 1,671 votos rumbo al Senado. Aunque las cifras no figuran entre las más bajas del proceso, sí dejan una advertencia política importante para quienes ya empiezan a proyectar nuevas candi­daturas provinciales o regionales.

Pero uno de los casos más simbó­licos fue probablemente el de Edward Rodolfo Yábar Gutiérrez, considera­do durante meses la principal carta de Renovación Popular en Cusco. Su campaña tuvo caravanas, locales par­tidarios, fuerte presencia mediática y hasta polémicas vinculadas al uso de camionetas con placas cubiertas en actividades políticas. También quedó marcado por el viralizado “disqui-dis­qui”, frase que terminó convirtiéndo­se en objeto de burlas y críticas du­rante la campaña. Sin embargo, los resultados estuvieron muy lejos del ruido generado. Apenas obtuvo 348 votos en la ciudad del Cusco, 377 en Wanchaq y cifras aún menores en otros distritos. El dato más demole­dor apareció en Paucartambo, donde consiguió solo un voto.

Las elecciones dejaron así una de las lecturas más incómodas para la política cusqueña reciente. El Cusco pareció cansarse de las candidaturas recicladas, del exceso de espectáculo político y de figuras que durante años confundieron exposición pública con respaldo ciudadano real. Porque las caravanas, las redes sociales, los slo­gans y las transmisiones en vivo pue­den generar ruido político, pero las urnas terminaron recordando algo mucho más simple: la popularidad aparente no siempre se traduce en votos.