PROPUESTA DE MIL: GASTRONOMÍA CUSQUEÑA

El restaurante que está en Cusco y es una joya mundial.

Aparentemente, la experiencia se centra en comer a 3 600 metros de altura. Pero Mil, espacio de Virgilio Martínez asomado al conjunto ar­queológico de las terrazas de Moray, es mucho más: un centro de inter­pretación basado en la complicidad con dos comunidades andinas, cu­yos conocimientos de la zona y los productos y su trabajo de campo se convierten en despensa, inspiración y ‘mise en place’ para desarrollar un menú degustación basado en los eco­sistemas de altura.

Un cliente del restaurante Central, sede de Virgilio Martínez y Pía León en Lima que ocupa el primer pues­to en la lista ‘The World’s 50 Best Restaurants’ en 2023, era propietario de una casa al lado de las ruinas de Moray, que quería convertir en una fábrica de alpaca; los animales mu­rieron y el negocio se fue al traste. Pasó a usar el espacio para eventos, lo que le permitió obtener un permi­so de restaurante. “Aquello era insó­lito: tener un espacio al lado de unas ruinas que podía funcionar como restaurante. Se comprobó que la ac­tividad no afectaba a ruinas”, cuenta Virgilio Martínez, que, por entonces, estaba buscando un espacio cerca de las comunidades andinas. “Un día, vinieron a Central y nos comentaron si nos interesaba quedarnos con el espacio. Yo estaba buscando un espa­cio por los Andes cerca de las comu­nidades para hacer algo”, recuerda.

Aquello fue el arranque de Mil Cen­tro, un espacio de interpretación y un inclasificable lugar gastronómico y de investigación, junto a las terrazas de Moray, a 7 kilómetros al suroeste de Maras y a 53 kilómetros de Cusco, Provincia de Urtubamba, en el Valle Sagrado de los Incas. Esas terrazas o andenes agrícolas componen un gru­po arqueológico inca, que muestra un sistema de producción y cultivo de los incas, con canales de irrigación, aprovechando en un hoyo natural de gran tamaño, de modo que cada es­calón generan diversos microclimas entre un escalón y otro. Fue, proba­blemente, un centro de investigación agrícola de los incas, planteado para desarrollar cultivos a diferentes altu­ras; incluso pudo ser un modelo para el cálculo de producción agrícola de la zona.

Mil se llama Mil porque hay mil productos, mil ideas… “Mil es un centro de interpretación, donde te­nemos que aprender el contexto. De las cosas más importantes es enten­der el contexto y saber dónde esta­mos. Antes, nos guiábamos porque el producto es bonito y sabroso, pero las cosas no van por ahí. Van por saber el contexto, el lugar geográfico y la historia”, define Martínez.

Mil, abrió el 27 de febrero de 2018, era el espacio que ‘faltaba’ para cono­cer ‘in situ’ esa biodiversidad en uno de los ecosistemas de Perú: el de los Andes, a una altura de 3 600 metros o más, ya que el cocinero y su equipo trabajan con dos comunidades an­dinas que suman unas 300 personas que viven en altura, “una en un terre­no plano y otra en desniveles”, cuenta Martinez.

MENÚ DEGUSTACIÓN

La propuesta de Mil se basa en el menú degustación ‘Ecosistemas de altura’, definido “8 momentos, 8 eco­sistemas de altura, ingredientes lo­cales extremos y auténticos. Esta ex­periencia cambiará en el tiempo con el clima y la tierra”. Tiene un precio de 528 soles (137 euros) y cuenta con opción vegetariana, por el mis­mo precio, y menú infantil por 280 soles (73 euros). Se pueden añadir maridaje sin alcohol, con extractos e infusiones, por 138 soles (36 euros), o con alcohol basado en una armoni­zación con vinos, por 288 soles (75 euros).

Se suceden ecosistemas como Pre­servación (Tunta, Maíz, Uchucuta, Oca), Altiplano (Cabuya, Cordero, Kañihua, Quinua Blanca), Bosque Andino (Tarwi, Cerdo, Palta, Roco­to), Diversidad de maíz (Piscoronto, Chullpi, Maiz Blanco, Queso Fres­co), Extrema altura (Pato, Quinua Negra, Cushuro, Trigo), Andes Cen­tral (Papas, Tallos, Chaco, Chincho), Cordillerra helada (Muña, Tumbo, Kjolle) y Huatia de cacao (Mashwa, Coca, Cacao, Mucílago). En este menú, “ningún producto se aleja del lugar, como mucho esta alejado a 5 horas”, dice Virgilio Martínez.

Para el cocinero, un reto es man­tener un equipo estable en Mil, un lugar ‘alejado de la civilización’ (sus empleados se alojan en un hotel cercano). “En el menú degustación de Mil, el ‘food cost’ puede ser bajo, pero lo que más cuesta es la gente, el equipo, que ha tenido que dejar Cen­tral y se ha tenido que enamorar de la naturaleza y trabajar con gente de la comunidad a la que han enseña­do a cocinar o estar en la sala. Como cliente, no se paga solo la comida, sino también al equipo.

Este es el restaurante que ocupa el puesto 44 en América latina.