EL HOMBRE FUERTE DETRÁS DE VERONIKA MENDOZA

Habla el candidato a senador por Cusco de la alianza política Venceremos.

Lo primero que quiero es agra­decerles la posibilidad de dirigirme al público de Qosqo Times. Soy un cusqueño que, como muchos otros, en algún momento tuvo que dejar Cusco para seguir mis estudios. Inicié mi formación en Historia en la Uni­versidad Nacional de San Antonio Abad (UNSAAC) y la continué en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Desde muy joven, he militado en diversos colectivos y organizaciones de izquierda, promoviendo la refun­dación de la política y de un proyecto de izquierdas acorde a los desafíos del mundo contemporáneo. Mi apuesta siempre ha sido por la radicalidad, entendida como la necesidad de “cambiar los problemas desde la raíz” y, a la vez, partiendo de nuestras pro­pias raíces histórico-culturales.

A mi generación —estoy próximo a cumplir cincuenta años— nos tocó luchar contra la dictadura de Fujimo­ri, con la convicción de que alcanzar la democracia nos permitiría superar la violencia, la corrupción y el abuso de poder instalados en el país. La­mentablemente, esta tarea se logró a medias: sacamos a Fujimori, pero el fujimorismo continuó bajo modales democráticos. Tuvimos una transi­ción trunca y, al parecer, hemos retro­cedido a una situación similar o peor. Fui parte de la experiencia del Frente Amplio y, posteriormente, del Mo­vimiento Nuevo Perú, del cual ejercí como Secretario General desde 2017 hasta 2021.

Profesionalmente, mis intereses han sido diversos. He trabajado en temas como la Reforma Universita­ria, la descentralización y el ordena­miento territorial. También me he desempeñado en el ámbito de la edu­cación popular y cuento con estudios avanzados en docencia universitaria. Fui Coordinador Ejecutivo del Gru­po Propuesta Ciudadana, una plata­forma nacional de ONG, donde tuve la oportunidad de acompañar la dis­cusión de la Política sobre Gestión y Ordenamiento Territorial en el mar­co del Acuerdo Nacional, asesorando a la Asamblea Nacional de Gobier­nos Regionales.

Actualmente, soy Presidente de la Asociación Nuestro Sur, un Espacio para la Reflexión y la Acción Política, desde donde generamos reflexiones, propuestas políticas y programáticas, además de desarrollar procesos de formación política para organizacio­nes sociales y políticas. Adicional­mente, he participado activamente en diversos esfuerzos para discutir e impulsar el proceso constituyente en el Perú.

¿Por qué Álvaro Campana postu­la para ser Senador por Cusco?

Sinceramente, nunca me sen­tí cómodo con la idea de postular a un cargo de representación. Las ra­zones son varias: en primer lugar, el convencimiento de que la política no se reduce únicamente a los procesos electorales; y, en segundo, por la vani­dad, la frivolidad —por no decir algo peor— que a menudo rodean la polí­tica de representación.

Sin embargo, también he com­prendido que, dada la organización de nuestro sistema político, los es­fuerzos realizados en los espacios orgánicos resultan insuficientes, pues la voz de uno no es escuchada con la suficiente fuerza, incluso ocupando posiciones importantes en organiza­ciones serias. A esto se suma una in­terpelación personal: ¿por qué dejarle el espacio a quienes han capturado el poder y desprestigiado la política, conspirando contra las posibilidades de futuro de nuestro país, condenán­donos a la precariedad, la inseguridad y el hambre?

Uno podría pensar: “Empeñé mi juventud en la lucha contra la dic­tadura fujimorista y hemos vuelto a algo similar o aún peor”; lo más sen­cillo sería volver a lo propio, dedicarse a otra cosa. No obstante, el desastre que vivimos trasciende solo a Perú. Como señala Álvaro García Linera, el mundo está en un momento de re­definiciones que orientarán el futuro por un buen tiempo. Contribuir a que ese futuro sea de democracia, libertad y justicia es algo por lo que vale la pena empeñar nuestras vidas.

Por ello, decidí entrar en la con­tienda electoral: para aportar en la construcción de una agenda de país y, desde allí, contribuir al cambio de fondo, a la refundación democrática que anhelamos.

¿Y por qué al Senado? Porque este nuevo espacio de poder, creado por la actual “mafia congresal”, tiene atribu­ciones que lo vuelven muy poderoso y sirve como un espacio de reproduc­ción del poder mafioso y autoritario de las fuerzas políticas y los intereses que representan. Necesitamos entrar para cambiar esto, para poner un fre­no a estos grupos. No es una tarea fácil dada la fragmentación política y las ventajas que se han otorgado quie­nes apuestan por una salida autorita­ria a la crisis actual.

A pesar del desprestigio que pue­da acarrear disputar estos espacios, me enfrenté al dilema, ambas opcio­nes totalmente legítimas: o me que­daba tranquilo en casa o salía a pelear. Opté por seguir en la lucha política e insistir en una salida democrática y constituyente a la crisis. Mi convic­ción es que el país necesita una insur­gencia democrática y electoral, una lucha tanto en la calle como en las instituciones. Sin el poder constitu­yente, la refundación democrática no es posible, y ese poder es del pueblo.

El Senado se convierte también en un espacio importante para activar o ajustar los mecanismos que permitan abrir la salida constituyente, a la que se han negado los grupos de poder y un Congreso desprestigiado que ha mo­dificado a su gusto la Constitución de 1993, que antes declaraban intocable, para reforzar su carácter autoritario y salvaguardar el lesivo capítulo econó­mico que contiene. Considero, ade­más, que el mismo Senado debe ser puesto en cuestión, pues no olvidemos que la gran mayoría de peruanos vo­taron en contra de su reinstauración. Esto debe ser replanteado, discutido y decidido con la ciudadanía.

Desde el Senado, ¿qué se puede hacer por Cusco?

No podemos ver el Senado como una entidad separada de la Cámara de Diputados. Cualquier iniciativa legislativa y su aprobación requerirán coordinación. Por ello, es imperati­vo construir una agenda orientada a atender las necesidades del pueblo cusqueño.

Fiscalización y Lucha Antico­rrupción

Una tarea fundamental es la fis­calización rigurosa. No solo de cómo se han llevado adelante obras vitales que se encuentran paralizadas o pos­puestas (hospitales, centros de salud, represas que se construyen con inter­minables adendas), sino también de cómo se han usado nuestros recursos y la renta generada. Debemos identi­ficar quiénes se han beneficiado real­mente, si se cumplieron los objetivos y poner nombre y apellido a los res­ponsables, identificando los mecanis­mos que propiciaron esta situación.

Es inaceptable la prolongada espera por la masificación del gas, mientras alguien se ha beneficiado todo este tiempo. ¿Qué se ha hecho con los recursos destinados a nuestra universidad nacional, que a estas altu­ras debería ser un referente? Es cru­cial investigar y sancionar los actos de corrupción que han afectado nuestro patrimonio arqueológico y natural.

Impulso de un Nuevo Pacto So­cial Regional y Nacional

Desde el Senado, y coordinando con la representación que realmente apuesta por los cambios de fondo, de­bemos impulsar un nuevo Pacto So­cial por la Región y el país:

  1. Referéndum Constituyente: Es vi­tal convocar un referéndum cons­tituyente.
  2. Equilibrio de Poderes: Derogar las leyes que favorecen el crimen y restablecer el equilibrio de po­deres.
  3. Reforma del Estado y Ordena­miento Territorial: Es urgente impulsar una reforma del Estado y gestar un nuevo pacto territorial que nos permita gobernar y ges­tionar mejor nuestro territorio e impulsar su desarrollo.
  4. Fortalecimiento Comunitario: Este nuevo pacto debe involucrar a las organizaciones y comunidades, fortaleciendo su capacidad de par­ticipar en la toma de decisiones.
  5. Planificación Estratégica: Impul­sar decisivamente la planificación y el ordenamiento territorial como marco de intervención y gestión pública y privada.

Agenda Económica y Social Ur­gente

  • Recuperación y Uso Prioritario del Gas: Necesitamos recuperar el gas y priorizar su uso para la masifica­ción y la industrialización del sur.
  • Ruptura del Oligopolio Financie­ro: Habilitar al Banco de la Na­ción para romper el oligopolio en el mercado financiero que genera intereses usureros y altas ganancias para los grandes bancos a costa del desarrollo de las mayorías.
  • Seguridad Alimentaria y Digni­ficación de la Vida: Actuar ur­gentemente contra la inseguridad alimentaria y la precarización de la vida mediante:
  • Fortalecimiento de la agricul­tura familiar e industrialización del agro.
  • Articulación de la oferta educa­tiva con este esfuerzo producti­vo.
  • Creación de mercados que pri­vilegien la comercialización di­recta de los productores.
  • Infraestructura del cuidado para comedores y programas sociales.
  • Reconocimiento económico de las actividades de cuidado y promoción de la autonomía económica de las mujeres y la erradicación de la violencia.

Estas iniciativas, desde garantizar el acceso al agua y la energía, hasta fortalecer la agricultura, la artesanía y descentralizar los servicios de educa­ción, están intrínsecamente vincula­das a las necesidades del Cusco.

¿Cómo observa el desarrollo y la política en Cusco?

Un gran problema es la ausencia de una élite regional con la suficiente masa crítica para impulsar una visión de desarrollo integral. La lógica ren­tista, extractivista y centralista de la economía ha impedido la conforma­ción de élites políticas, económicas y académicas sólidas.

La universidad está lejos de sub­sanar estos déficits, al igual que los partidos. Las organizaciones sociales, que de alguna manera sí lo intentan, se ven afectadas por la supervivencia, la fragmentación y la subordinación forzada a los gobiernos subnaciona­les. Incluso los medios de comuni­cación están tan precarizados que no logran generar una opinión pública capaz de discutir los grandes proble­mas de la región; nos movemos entre la anécdota, la denuncia de corrup­ción y el reclamo puntual. Esto nos impide tener una política a la altura de las circunstancias.

Debemos revertir esta situación desde los gobiernos subnacionales, la academia, las organizaciones sociales y los partidos. Ojalá también con una forma de empresariado no rentista que apueste por el turismo, la indus­trialización y la agricultura al servicio de las grandes mayorías.

Recientemente participé en una presentación de candidatos y encon­tré gente bien intencionada y con buenas ideas, muchas de ellas coin­cidentes. ¿Qué nos diferencia enton­ces?

En primer lugar, aunque todos hablan de mujeres, comunidades y jó­venes, hay una diferencia crucial entre quienes participamos en organizacio­nes que realmente se comprometen con estas demandas y quienes forman parte de partidos que han atentado claramente contra estos sectores.

En segundo lugar, hay intereses sociales profundos. Me sigo pregun­tando: ¿Qué visión llevó al Goberna­dor a desalojar el Mercado de Pro­ductores de Huancaro para luego no hacer absolutamente nada, utilizando además a un sector de construcción civil para ello? Hay visiones e intere­ses diferentes, y prioridades que de­ben ponerse sobre la mesa y que no se discuten. La política debe ser la discusión y la disputa entre proyectos y visiones contrapuestas.

El caso del Hotel en Machu Picchu es otro ejemplo: abogados y periodistas que dicen defender los intereses del Cusco terminan defen­diendo a una empresa abusiva que se cree dueña de una infraestructura cuya concesión ya terminó, impo­niendo sus intereses con argucias le­galistas. O los destrozos que se están haciendo en el Valle Sagrado, donde la especulación y la presión inmobi­liaria, junto a la gentrificación, contri­buyen a la destrucción del patrimonio cultural y natural sin que el Estado neoliberal haga nada, o incluso, como ocurre con varios municipios, esté vinculado a esto.

Igualmente debemos considerar lo que se desveló en el llamado es­tallido social y el costo en vidas que trajo la brutal represión y el asesinato del régimen de Dina Boluarte. Vimos entonces el actuar y la pervivencia de un Cusco racista y clasista, de un Cusco “Waqchapituco” que sigue allí, despreciando a las grandes mayorías de nuestra región e incluso justifican­do la brutalidad policial y militar o la criminalización de la protesta social como ocurre con los jóvenes de Pisac. Felizmente estos sectores son mino­ritarios aunque también influyentes. Eso nos muestra que aun que los pe­ruanos y los cusqueños tenemos que superar estos “hondos y mortales des­encuentros”. Y eso tiene que hacerse sin impunidad, con justicia y verdad.

¿Qué debe ocurrir para encauzar a Cusco por la ruta de la modernidad y el desarrollo?

Es imperativo gestar un gran pac­to social por el Cusco que permita di­rimir qué tipo de desarrollo queremos. Por eso, hago un llamado a construir una agenda política y social del Cus­co y un compromiso con su impulso. Las izquierdas tenemos un deber en ello, a pesar de haber sido incapaces de ir unidas en un momento de tanta necesidad. Es el momento de afirmar una alternativa real de desarrollo y buen gobierno para nuestra región y nuestro país, que debe afirmarse en la lucha electoral y en el momento que viene después.

También debemos construir puentes con otras fuerzas democráti­cas para lograr que nuestro Cusco sea un faro del “buen vivir” en el sur y en todo el país. Hay cosas ineludibles y evidentes que sirven para encaminar­nos al desarrollo.

¿Cree que su partido perdió mu­cho al no postular a Verónika Men­doza? ¿Es usted el hombre fuerte de­trás de Verónika Mendoza?

Construir un liderazgo es difícil, pero a veces es necesario refrescarlo. El papel de la compañera hubiera sido clave en estas circunstancias a nivel nacional. Sin embargo, respe­tamos esta decisión, que tiene un ca­rácter fuertemente político, no solo personal. Volver a la base, construir desde los territorios, es algo también necesario y entiendo que esta es la apuesta de la compañera, quien si­gue trabajando en el partido y en el Frente que hoy lidera el compañero Ronald Atencio con la candidatura presidencial.

Y no hay un “hombre fuerte” aquí. Nuestra lideresa, más allá del rol que cumpla, es Verónika Mendoza, quien es un referente nacional e interna­cional. Además, creo que ella viene construyendo un equipo importante a nivel regional, como se hizo antes a nivel nacional. Aquí lo que hay es un conjunto de hombres y mujeres fuer­tes detrás de un proyecto político que busca cambios de fondo. Un ejército de Micaelas y Túpac Amaru.