CUSCO SOBRE UNA BOMBA SÍSMICA: 55 FALLAS, SUELOS INESTABLES Y CASI 4 MIL VIDAS EN RIESGO

El mundo vuelve a sacudirse y el Cusco debería escuchar la adver­tencia. Los recientes terremotos y movimientos sísmicos registrados en Colombia, Venezuela, Macedonia, España y también en el Perú, con actividad reportada en Junín, reavi­van una pregunta incómoda: ¿qué pasaría si un terremoto de gran mag­nitud golpeara la antigua capital del Tahuantinsuyo? La respuesta de los especialistas no es tranquilizadora. Cusco convive con alrededor de 55 fallas geológicas, tiene sectores con potencial de licuación de suelos y, pese a su acelerado crecimiento urba­no, continúa sin una microzonifica­ción sísmica actualizada que permita saber con precisión dónde el terreno podría convertirse en el peor enemigo de sus habitantes.

La coordinadora regional del Centro de Estudios y Prevención de Desastres (Predes Cusco), Karín Kancha, recordó que la historia ya dejó una advertencia escrita con des­trucción y muerte. Los terremotos de 1650 y 1950 provocaron daños devastadores y destruyeron aproxi­madamente el 60 % de la ciudad. “Tenemos que recordar que en Cusco hemos tenido terremotos, sismos que incluso destruyeron el 60 % de la ciu­dad. El sismo de 1650 y el de 1950 nos demuestran que somos una zona sísmica”, señaló. Pero mientras la me­moria de aquellos desastres se pierde entre nuevas construcciones, la ciu­dad continúa creciendo verticalmente y ocupando espacios cuya verdadera vulnerabilidad todavía no ha sido de­terminada con precisión.

FALLAS. El dato que estremece es el de las 55 fallas geológicas iden­tificadas por Ingemmet en la región. Y entre ellas existe una estructura que atraviesa buena parte del territorio cusqueño. “Hay una falla geológica que empieza en Anta, Zurite y cruza hasta la zona de Urcos. Cruza toda la región Cusco”, advirtió Kancha. La especialista sostuvo que esta realidad debería obligar a cambiar la forma en que se planifica la ciudad y se cons­truyen las viviendas. Sin embargo, mientras el subsuelo es atravesado por estructuras geológicas activas, sobre la superficie aparecen edificios de diez, once y hasta doce pisos. “La pregunta es: ¿estas edificaciones real­mente tienen construcción sismorre­sistente?”, cuestionó.

Y aquí aparece otro de los grandes fantasmas: el suelo. Cusco se encuen­tra asentado sobre terrenos asocia­dos al antiguo lago Morkill y existen sectores donde los materiales poco consolidados podrían amplificar el movimiento sísmico. El peligro más serio es la llamada licuación de sue­los, fenómeno que puede hacer que el terreno pierda resistencia durante un terremoto. “Cuando hablamos de li­cuación de suelos es como si el terre­no se convirtiera en una mazamorra”, explicó Kancha. Bajo un movimiento fuerte, el suelo podría comportarse de manera completamente distinta a la habitual y, combinado con el peso de las edificaciones, incrementar el ries­go de colapsos.

RIESGO. Las zonas que debe­rían estar bajo la lupa ya fueron men­cionadas: Alto Qosqo, San Antonio en San Sebastián, todo el valle del río Huatanay, Anta y Lucre. De acuerdo con la especialista, desde una eva­luación regional existen sectores con potencial para presentar licuación, es­pecialmente en el valle del Huatanay, áreas planas de Anta y el entorno de Lucre. “Todo el valle del Huatanay, Anta y la zona de Lucre son áreas donde, desde una mirada macro, po­dría presentarse licuación de suelos”, alertó. No se trata, por tanto, de una amenaza concentrada en un solo pun­to de la ciudad: el riesgo se extiende por zonas densamente pobladas y por territorios donde la expansión urbana continúa avanzando.

El problema es que Cusco no sabe todavía con exactitud dónde golpeará más fuerte el suelo. Predes advierte que hace falta una microzonificación sísmica que permita identificar, dis­trito por distrito y sector por sector, el comportamiento del terreno. El único antecedente de un estudio de estas características se remonta apro­ximadamente a los años 80 y hoy es­taría desactualizado. “Una vez se hizo un estudio, pero es de la época de los años 80. Quien lo realizó señala que, con la tecnología que existe hoy, ten­dría que volver a hacerse porque la ciencia ha avanzado muchísimo”, sos­tuvo Kancha. Mientras tanto, la ciu­dad continúa edificándose sin contar con un mapa moderno que determine dónde construir, qué tipo de estruc­tura utilizar y qué sectores deberían tener mayores restricciones.

SILENCIO SÍSMICO. La ad­vertencia también alcanza a Lucre, Paruro, Miska y Cusibamba, lugares donde ya se han registrado movi­mientos sísmicos con daños impor­tantes. Kancha señala que la región tampoco puede confiarse por el he­cho de que no haya ocurrido recien­temente un gran terremoto asociado a las principales fallas conocidas. “Definitivamente existe un silencio sísmico. Hemos tenido sismos por fa­llas locales, pero todavía no un evento donde se active la falla Tambomachay o la falla Cusco”, manifestó. Y existe otro detalle que aumenta la preocu­pación: muchos de los sismos cus­queños son superficiales. “Estamos hablando de profundidades de 20 a 30 kilómetros. Si ocurre un sismo de magnitud 6 o 6.5 lo vamos a sentir con muchísima intensidad”, advirtió.

ESTIMACIÓN. El escenario proyectado por el Gobierno Regional del Cusco es todavía más escalofrian­te. El director de la Oficina de Ges­tión del Riesgo de Desastres y Segu­ridad, Miguel Osco, señaló que un estudio de estimación de daños para la ciudad contempla un escenario de cerca de 4 mil personas fallecidas ante un sismo de gran magnitud. El fun­cionario puso el foco especialmente en las viviendas levantadas en zonas vulnerables y aquellas construidas mediante autoconstrucción, sin ase­soría técnica ni un adecuado diseño estructural. Laderas, terrenos inesta­bles y sectores donde las edificaciones crecieron sin control pueden conver­tirse en trampas mortales. La cifra no es una predicción de víctimas, sino un escenario de daños que debería servir —precisamente— para evitar que al­guna vez se convierta en realidad.

El mensaje de los especialistas es brutalmente sencillo: el terremoto no se puede evitar, pero una tragedia sí puede reducirse. Para ello se necesita microzonificación sísmica, planifi­cación urbana, control de las cons­trucciones y, sobre todo, preparación ciudadana. Cancha pidió a las fami­lias identificar zonas seguras, rutas de evacuación y elaborar planes de emer­gencia. Osco, por su parte, recordó la importancia de contar con una mo­chila de emergencia con provisiones para las primeras 24 a 48 horas. “En un sismo, lo primero es salvar la vida”, remarcó Cancha. Mientras en distin­tas partes del planeta la tierra vuelve a recordar que los grandes terremotos pueden ocurrir sin previo aviso, Cusco tiene bajo sus pies 55 fallas, una his­toria marcada por terremotos devasta­dores y una ciudad que sigue crecien­do. La pregunta ya no es si debemos prepararnos. La verdadera pregunta es cuánto tiempo más vamos a esperar.