CONTRATO ANULADO CONFIRMA QUE HUBO IMPROVISACIÓN EN MACHU PICCHU

Municipalidad de Urubamba al fin reconoce errores en la adjudicación del transporte a la Maravilla. El silencio de SERNANP es inquietante.

La Municipalidad Provincial de Urubamba decidió anular el con­trato N.° 001-2025-GM-MPU/C, mediante el cual otorgó la concesión temporal de la ruta Hiram Bingham a la empresa San Antonio de Toron­toy. Sin embargo, lejos de ser un acto ejemplar de transparencia, la nulidad termina siendo el reconocimiento oficial de una cadena de errores ges­tados dentro de la propia gestión mu­nicipal. La resolución admite que el contrato se sustentó en información inexacta presentada por el contratis­ta, información decisiva para obtener la buena pro, dejando en el aire una pregunta inevitable: ¿quién evaluó y validó esa documentación antes de firmar?

Según la Gerencia Municipal, el contratista no contaba con la disponi­bilidad jurídica ni material de los ve­hículos ofrecidos como equipamien­to estratégico, requisito esencial del proceso. No se trataba de un detalle administrativo, sino del eje central de la adjudicación. Aun así, la munici­palidad avanzó, firmó el contrato y permitió la puesta en marcha de la concesión, como si la verificación real pudiera hacerse después.

La resolución intenta blindarse con informes técnicos, opiniones le­gales y extensos considerandos sobre el debido procedimiento adminis­trativo. Pero toda esa arquitectura jurídica no logra ocultar lo evidente: los filtros de evaluación fallaron es­trepitosamente. La municipalidad fue juez y parte: elaboró las bases, evaluó la oferta, adjudicó el contrato y recién meses después “descubrió” que la in­formación no era veraz.

Más grave aún, el propio docu­mento confirma que la información inexacta fue determinante para la evaluación técnica y la adjudicación. El proceso nació viciado, se sostuvo sin control y se anuló tardíamente. Mientras tanto, el servicio público quedó relegado, expuesto a improvi­saciones que hoy nadie asume políti­camente.

Como cierre previsible, la muni­cipalidad ordena el inicio del deslinde de responsabilidades administrativas, civiles y/o penales. Una fórmula recu­rrente en la gestión pública que, en la práctica, suele diluirse con el tiempo sin sanciones claras ni responsables identificados. El problema no es solo quién mintió, sino quién permitió que esa mentira superara todos los controles internos.

En lugar de una gestión preventiva y rigurosa, Urubamba vuelve a exhibir un patrón conocido: concesionar pri­mero y corregir después. La nulidad no devuelve el tiempo perdido, no garantiza la continuidad eficiente del servicio ni repara la desconfianza ciu­dadana frente a una administración más eficaz redactando resoluciones que fiscalizando procesos.

Pero el caso no se agota en la municipalidad. Mientras se acumu­laban cartas notariales, solicitudes de nulidad y expedientes ingresados por mesa de partes, el SERNANP ha mantenido un silencio que hoy re­sulta difícil de justificar. Esa falta de respuesta se ha convertido en uno de los puntos más inquietantes del caso de las autorizaciones excepcionales de ingreso de buses al Santuario Histó­rico de Machupicchu.

La controversia se origina en el Oficio N.° 225-2025-SERNANP/ SHMPI, que autorizó el ingreso de 18 unidades al Santuario. Documen­tos presentados por Sumaq Tika S.A. y Qori Rumis S.A. evidencian que vehículos de su propiedad fueron in­cluidos sin contratos de cesión, alqui­ler ni autorización alguna, revelando que se habría evaluado información presuntamente inexacta sin el debido contraste.

Especialistas en derecho admi­nistrativo coinciden en que, frente a denuncias documentadas, el SER­NANP tiene la obligación de actuar de oficio. Hoy, más que las denuncias mismas, lo que inquieta a la región de Cusco, es el silencio institucional. Machupicchu, patrimonio de la hu­manidad, vuelve a quedar expuesto no solo a decisiones cuestionables, sino a la ausencia de respuestas de la autori­dad llamada a protegerlo.