DOS CRÍMENES, UNA CIUDAD BAJO LA SOMBRA DE LA VIOLENCIA

José Camilo fue encontrado muerto y maniatado en una habitación de la calle Belén. Su caso vuelve a poner bajo la lupa a “La Escondida” y El Paraíso, lugares que también aparecen en investigaciones relacionadas con otros crímenes. En San Jerónimo, una joven de 20 años murió al intentar defender a su hermana de un violento ataque.

Cusco vuelve a estremecerse. Dos hechos criminales, ocurridos en escenarios distintos y con víctimas diferentes, vuelven a poner sobre la mesa una preocupación que crece en la ciudad: la violencia ya no parece tener límites ni horarios. El caso que concentra la atención es el asesinato de José Camilo Martínez Manut­tupa, un joven de 32 años, ingeniero de profesión y comerciante de frutas, cuyo cuerpo fue encontrado dentro de la habitación que alquilaba en la calle Belén, después de varios días de haber sido reportado como desaparecido.

José Camilo había perdido contac­to con sus familiares y, según la infor­mación recogida durante las primeras diligencias, su desaparición fue repor­tada desde el 7 de agosto. Días des­pués, la búsqueda terminó de la peor manera. La Policía encontró su cuerpo dentro de la habitación y advirtió que tenía las manos atadas, circunstancia que llevó a los investigadores a mane­jar el caso como un presunto homici­dio. Ahora los agentes de Homicidios y Criminalística intentan reconstruir las últimas horas de vida del comer­ciante y determinar quién estuvo con él antes de su muerte.

Uno de los puntos que ha des­pertado especial interés en la investi­gación es el local conocido como “La Escondida”, ubicado en la calle Belén. De acuerdo con información vincula­da a las pesquisas, José Camilo habría estado en este establecimiento consu­miendo bebidas alcohólicas junto a un sujeto que actualmente es materia de investigación. El dato adquiere mayor relevancia porque este mismo lugar aparece mencionado en otra inves­tigación criminal que conmocionó a Cusco: el asesinato de Rudy Benavi­des, por lo que las autoridades deberán determinar si se trata simplemente de una coincidencia o si existe algún vín­culo que pueda resultar relevante para esclarecer ambos casos.

Pero la historia no termina en la calle Belén. El Paraíso vuelve a apa­recer en el radar de los investigadores. Según fuentes vinculadas a las pes­quisas, después de la muerte de José Camilo, una persona que viene siendo investigada habría trasladado hasta ese centro comercial algunos objetos de la víctima, entre ellos su teléfono celular, con la presunta intención de venderlos. Este hecho guarda simili­tud con elementos investigados en el caso de Rudy Benavides, cuyo teléfo­no también habría terminado siendo comercializado en ese lugar. Por aho­ra, no existe una conclusión oficial que vincule ambos crímenes, pero la coincidencia deberá ser investigada a fondo.

La Policía viene siguiendo preci­samente esa ruta. Las cámaras de vi­deovigilancia serían una de las piezas importantes para reconstruir los mo­vimientos del principal investigado después de abandonar la habitación. Los agentes buscan determinar quién recibió los celulares, quién intentó comercializarlos y si efectivamente pertenecían a José Camilo. También se investiga el entorno de la víctima, sus contactos y las personas con las que estuvo durante sus últimas ho­ras. Cada movimiento, cada llamada y cada imagen podría convertirse en una pieza para armar el rompecabe­zas de este crimen.

Otro elemento que genera pre­ocupación es la forma en que fue encontrado el cadáver. De acuerdo con la información preliminar, José Camilo habría sido maniatado y su cuerpo cubierto con prendas de ves­tir, presuntamente con la finalidad de retrasar el descubrimiento del cadá­ver. Las circunstancias exactas de su muerte deberán ser establecidas me­diante las pericias correspondientes. La hipótesis del robo aparece entre las líneas de investigación debido a la desaparición de pertenencias, pero serán las evidencias y las diligencias fiscales y policiales las que determi­nen finalmente el móvil y la respon­sabilidad de los involucrados.

Mientras el caso de José Camilo continúa abriendo interrogantes, San Jerónimo también quedó marcado por otro episodio de violencia extre­ma. Ruth Nay, una joven de apenas 20 años, murió después de recibir graves heridas con un arma blanca cuando, según el relato de sus fami­liares, intentó defender a su hermana Milagros durante un ataque. La joven sufrió heridas en el pecho y una se­vera pérdida de sangre que terminó provocando su muerte. Su hermana sobrevivió, pero permanece internada debido a la gravedad de las lesiones.

El principal investigado por este segundo caso es Lucas Zacarías, ex­pareja de Milagros. La familia sostie­ne que la relación había terminado re­cientemente en medio de conflictos y presuntos episodios anteriores de vio­lencia que nunca fueron formalmen­te denunciados. Según su versión, el hombre habría ingresado al inmueble y llegado hasta la habitación donde se encontraban las hermanas y un pri­mo, iniciándose allí el ataque con un arma blanca. El primo también resul­tó herido y tuvo que ser sometido a una intervención quirúrgica.

La muerte de Ruth Nay deja nue­vamente a una familia enfrentando dolor, gastos médicos y exigencias de justicia. Sus familiares aseguran que la joven estaba pendiente del cuida­do de su madre y que su muerte deja un vacío imposible de llenar. Mien­tras Milagros permanece bajo aten­ción médica, la familia espera que las autoridades esclarezcan lo ocurrido y determinen las responsabilida­des correspondientes. El caso, como todo proceso en investigación, deberá avanzar con pruebas y no únicamente con versiones de las partes.

Dos casos distintos, dos familias golpeadas y una misma pregunta que vuelve a recorrer Cusco: ¿qué está pa­sando con la violencia en la ciudad? José Camilo terminó muerto dentro de una habitación después de ser re­portado como desaparecido; Ruth Nay perdió la vida cuando intentaba defender a su hermana. En el primer caso, “La Escondida”, El Paraíso, los celulares y las cámaras aparecen como piezas que deberán ser esclarecidas; en el segundo, los antecedentes de una relación conflictiva y un ataque con arma blanca forman parte de la investigación. Las coincidencias no pueden convertirse en condenas an­ticipadas, pero tampoco pueden ser ignoradas. La Policía y el Ministerio Público tienen la obligación de llegar hasta el fondo de ambos casos.