RIMACHI BAJO INVESTIGACIÓN: DOSAJE REVELA QUE SÍ ESTUVO EBRIO DURANTE INTERVENCIÓN EN VEHÍCULO OFICIAL

La intervención policial ocurrida la noche del 8 de abril en el distrito de San Jerónimo no solo evidenció un presunto uso indebido de bienes del Estado, sino que ha sumado nuevos elementos que complican la situación del alcalde Máximo Rimachi Mora­les. A los indicios iniciales —consu­mo de alcohol dentro de un vehículo municipal— se añade ahora el resul­tado positivo del dosaje etílico practi­cado horas después de los hechos.

Todo comenzó tras la alerta de ve­cinos en inmediaciones del mercado de productores de Vinocanchón, don­de una camioneta con lunas polariza­das generó sospechas. En su interior, varias personas consumían bebidas al­cohólicas. La unidad, lejos de ser par­ticular, correspondía a un vehículo ofi­cial asignado al despacho de alcaldía.

Cuando la Policía intervino la ca­mioneta Toyota Hilux de placa EAI- 463, el vehículo se encontraba en movimiento y, según el parte policial, habría intentado retirarse, desobede­ciendo las indicaciones de los agentes. La intervención se realizó de manera directa para evitar una posible fuga, encontrándose en su interior latas y una botella de cerveza.

Entre los ocupantes se encontra­ba el propio alcalde, acompañado por cuatro trabajadores de la municipa­lidad. Al descender, al menos tres de ellos presentaban aliento alcohólico, lo que reforzó la presunción de consumo dentro de la unidad estatal en un con­texto ajeno a funciones oficiales.

Sin embargo, uno de los elementos más relevantes del caso es el resultado del dosaje etílico. De acuerdo con los informes, el examen practicado arrojó un resultado positivo, con un nivel de 1.28 gramos de alcohol por litro. Este dato no solo confirma la presencia de alcohol en el organismo del alcalde, sino que introduce una variable clave en el análisis del caso.

El dosaje no se realizó de inme­diato, sino varias horas después de la intervención policial. Este detalle resulta significativo, ya que, desde el punto de vista técnico, el paso del tiempo permite que el organismo metabolice el alcohol, reduciendo progresivamente su concentración en sangre. En otras palabras, el nivel de­tectado podría ser menor al que exis­tía al momento de la intervención.

Pese a ello, el resultado positivo, sumado a los indicios encontrados en el vehículo y al contexto en el que se produjo la intervención, configura un cuadro que va más allá de una falta administrativa. El caso ha sido tipifi­cado como presunto delito de pecula­do de uso, al tratarse del empleo de un bien del Estado para fines personales.

Durante las diligencias, los cinco intervenidos fueron trasladados a la comisaría de San Jerónimo. Según el acta, incluso se registraron resis­tencias durante el procedimiento, incluyendo la negativa a firmar docu­mentos, lo que no impidió la forma­lización de las actuaciones policiales ni la continuidad de la investigación.

El episodio ha generado un fuerte impacto en la opinión pública local. Más allá de la responsabilidad penal que deberá determinarse, el caso ex­pone una preocupante fragilidad en el control del uso de recursos públicos. La imagen de una autoridad inter­venida en un vehículo oficial, con re­sultado positivo en dosaje etílico y en circunstancias cuestionables, instala una interrogante de fondo: si quienes administran el Estado respetan real­mente los límites entre lo público y lo personal.