ELECCIONES 2026: LAS NUEVAS CARAS QUE BUSCAN REPRESENTAR AL CUSCO

La campaña congresal 2026 en Cusco ha destapado una vitrina va­riada: la de los candidatos que apa­recen de pronto en la boleta como si hubieran salido de un casting político improvisado. Rostros poco conocidos, trayectorias breves o difusas y una fuerte apuesta por la exposición di­gital marcan una contienda donde la pregunta no es si pueden postular — porque la ley lo permite— sino si re­presentan una verdadera renovación o simplemente improvisación electoral.

El caso de Edith Herrera García refleja ese contraste entre imagen y realidad. Bachiller en Ingeniería de Sistemas por la Universidad Andina del Cusco y gerente de una construc­tora proveedora del Estado, construyó una campaña basada en fotografías de cercanía social y presencia constante en redes. Sin embargo, el 22 de febre­ro de 2026 fue detenida preliminar­mente tras un altercado con efectivos policiales en la comisaría de Santiago, hecho que derivó en investigación fis­cal y en el retiro de su candidatura por su propio partido. La política del en­cuadre perfecto chocó con la crudeza de los hechos.

En la misma línea de perfiles que transitan del contrato público al in­tento parlamentario aparece Hilari Rubi Villalobos Casillas. Economis­ta nacida en Livitaca, Chumbivilcas, registra consultorías para municipali­dades distritales y pagos del Estado, como el efectuado por la Municipa­lidad de Chincheros en diciembre de 2025. Su propuesta más difundida —elevar el precio de la hoja de coca hasta S/ 400 o S/ 500— convive con una intensa actividad en TikTok. Del algoritmo al voto: esa parece ser la nueva ruta electoral.

El fenómeno del proyecto fami­liar convertido en proyecto político tiene como exponente a Paola Nilda Vázquez Zúñiga, candidata por Perú Primero. Consultora del Estado, re­gistra servicios como capacitadora en el Ministerio de Agricultura con pa­gos que alcanzaron los S/ 14,000. Su entorno inmediato mantiene vínculos activos dentro del partido liderado a nivel nacional por Martín Vizcarra, condenado por cohecho pasivo. En provincias, la herencia política sigue pesando más que la construcción de liderazgos propios.

Otra muestra del tránsito digi­tal al escenario electoral es Maicielo Paula Ponce de León Pacheco, pos­tulante aprista y abogada graduada en 2025. Ha trabajado como asistente en entidades jurídicas y municipales y registra servicios para la Procuradu­ría General del Estado por más de S/ 9,000. Su presencia en redes sociales, con contenido juvenil y cuidadosa­mente producido, antecedió a su sal­to a la política formal. La visibilidad precede a la propuesta.

En Fuerza Popular figura Clara Estenga Rodríguez Carmona, quien no registra ingresos económicos de­clarados en su hoja de vida. Su caso evidencia otro rostro de esta elección: ciudadanos que llegan desde la aspi­ración antes que desde la estabilidad económica. La política como opor­tunidad de ascenso social también forma parte del debate, aunque no sustituye la exigencia de preparación y solvencia.

Desde Renovación Popular emer­ge Luis Alberto Soto, primer lugar de lista y con opciones reales según ten­dencias nacionales. Narrador de carre­ras de burros y animador de eventos, conocido en provincias altas como “el rey del cachuelo”, ha construido reco­nocimiento desde la oralidad popular. Habla quechua fluidamente y cuenta con formación en locución, aunque no registra estudios superiores formales. Representa a ese sector ciudadano que sobrevive recur¬seándose y que ahora busca legislar el país.

La herencia política vuelve a esce­na con José Rodrigo Guillén Vargas, bachiller en Derecho e hijo de la exvi­cegobernadora regional Piedad Var­gas. Su campaña combina actos for­males con estrategia digital orientada a votantes jóvenes, mientras coordina el Instituto Superior Antonio Lore­na, fundado por su madre. Juventud, apellido y posicionamiento digital se entrelazan en su perfil.

Finalmente, en el partido Pro­gresemos aparece Yilmar Gabancho Valenzuela, quien promueve una na­rrativa basada en prosperidad perso­nal y ahorro en oro. Registra antece­dentes penales con sentencias firmes ya cumplidas —entre ellas por difa­mación agravada, violencia contra la autoridad y conducción en estado de ebriedad— figurando actualmente como rehabilitado. También consig­na procesos civiles por obligaciones de pago y medidas de protección en el ámbito familiar. Todo dentro de la legalidad, pero no exento de cuestio­namientos éticos.

Así avanza la campaña cusque­ña: entre influencers convertidos en candidatos, consultores que saltan del contrato público a la curul soña­da, herederos políticos y figuras po­pulares que descubrieron que el voto también es plataforma. No es ilegal postular. No es delito aspirar. La de­mocracia lo permite. Pero otra cosa distinta es preguntarse —sin insultos ni exageraciones— si esta fauna elec­toral representa una renovación real o apenas una improvisación vestida de campaña. El 2026 dirá si el elector premia el discurso o la trayectoria.