Dos profesionales murieron de cuatro disparos certeros, la policía investiga el hecho.
Silencio dentro de una vivienda de la urbanización San Antonio, en el distrito de San Sebastián, escondía una escena brutal. El 3 de febrero de 2026, cerca de las 7:40 de la noche, la Policía ingresó a un inmueble ubicado en la avenida Evitamiento B-11-2. En el interior fueron hallados los cuerpos sin vida de Junior Palacios Cansinos, arquitecto, e Irolinda Letona Calvo, ingeniera industrial. Ambos habían sido asesinados a balazos.
La alerta se activó luego de que familiares denunciaran la desaparición de la pareja. Desde el sábado 31 de enero, ninguno respondía llamadas ni mensajes. Sus celulares permanecían apagados. La preocupación llevó a la Policía a rastrear su paradero hasta la vivienda que resultó ser el escenario del doble homicidio. Ese inmueble era el domicilio del arquitecto.
Al ingresar, los agentes confirmaron lo peor. Los dos cuerpos estaban dentro del predio. No había señales de robo ni indicios de ingreso forzado. Las puertas, accesos y el sistema de seguridad no presentaban daños. La escena mostraba que el ataque ocurrió sin violencia previa visible, lo que refuerza la hipótesis de un ingreso permitido o conocido por las víctimas.
En el cuerpo de Irolinda Letona Calvo, la ingeniera industrial, se hallaron heridas por proyectil de arma de fuego en el muslo izquierdo y en el hemitórax izquierdo.
PRUEBAS. En el cuerpo de Junior Palacios Cansinos, arquitecto, se detectaron impactos de bala en la región lumbar derecha y en la región paraesternal izquierda. Los disparos fueron suficientes para causarles la muerte.
Durante la inspección técnica policial se hallaron cuatro casquillos de bala calibre 9 milímetros, además de un teléfono celular, una laptop y documentos relacionados con la repartición de bienes, un detalle que tomó relevancia inmediata en la investigación. Llamó la atención que el teléfono celular del arquitecto no fue encontrado, presumiéndose que fue retirado del lugar tras el crimen.
El análisis preliminar descartó el robo como móvil. Nada fue forzado, nada fue revuelto al azar. El ataque fue directo y letal. No hubo señales de defensa ni de lucha prolongada. Todo apunta a que las víctimas conocían a quien ingresó a la vivienda.
En el marco de las diligencias, se activó una hipótesis clave: la posible relación del crimen con un proceso judicial en curso vinculado a la expareja del arquitecto, identificada como Elizabeth Gutiérrez Aguilar. Esta línea de investigación no establece culpabilidad, pero sí coloca su nombre dentro del análisis del caso por un conflicto previo que ahora es materia de verificación policial y fiscal.
Las autoridades dispusieron el levantamiento de los cadáveres con participación del Ministerio Público, realizaron el examen de absorción atómica y el examen de sarro ungueal para determinar si alguna de las víctimas manipuló un arma o tuvo contacto cercano con quien disparó. La Oficina de Criminalística de la PNP asumió las pericias para reconstruir la secuencia del ataque.
Las diligencias continúan con el objetivo de establecer cómo ingresó el autor o autores, cuánto tiempo permanecieron los cuerpos en el inmueble, por qué uno de los celulares desapareció y cuál fue el detonante exacto del crimen. Dos profesionales, un arquitecto y una ingeniera industrial, fueron ejecutados dentro de una vivienda sin señales de robo, con disparos precisos y en circunstancias que apuntan a un móvil personal.
El caso sigue abierto. El doble homicidio de San Sebastián dejó más preguntas que respuestas, pero también dejó claras las primeras piezas de un crimen que no fue al azar.
A pesar de estar circustancias las autoridades deben prioriazar la atención de las diferentes actividadades que deben tener una respuesta por parte de las autoridades tanto del Miniterio Público de la ciudad del Cusco.







