EXTRAÑA INTERVENCIÓN POLICIAL TRAS ROBO DE MOTOCICLETA

Una joven madre gestante vivió una escena de indignación absoluta en pleno centro histórico del Cusco. Ella y su también joven pareja sufrie­ron el robo de la motocicleta con la que ellos se sustentaban día a día. Esa moto no era un lujo, ni un capricho, ni un vehículo recreativo: era la he­rramienta con la que se sostenía su hogar. Era el ingreso fijo, la oportuni­dad de alimentar a un niño en camino y de mantener su vida en equilibrio. Pero todo se quebró el pasado 20 de noviembre entre las cuatro y cinco de la tarde, cuando la unidad quedó estacionada en inmediaciones de la avenida Pardo.

Las cámaras de seguridad reve­lan una escena tan descarada como absurda. Dos personas empujaron la motocicleta hacia el parque Urpicha. No usaban casco, no mostraron ner­viosismo y caminaban bajo claros sig­nos de ebriedad. Para asegurar el robo le retiraron la placa y avanzaron por la vía pública como si fueran los dueños del espacio. Todo quedó registrado: cómo toman la motocicleta, cómo avanzan con ella, cómo se apoderan de lo que no les pertenece.

Pero lo peor vino después. Dos policías llegaron al lugar e intervinie­ron a los sospechosos. Los rodearon, revisaron la motocicleta, hablaron con ellos y comprobaron lo evidente: no tenían casco, no tenían documentos, no podían acreditar propiedad y es­taban en aparente estado de ebriedad. La intervención se prolongó durante largos minutos. Todos los elementos estaban presentes para retener el ve­hículo y detener a los presuntos de­lincuentes. Todo indicaba que sería un caso resuelto en el acto.

Los policías dejaron ir a los sospe­chosos llevándose la motocicleta. La joven observó en los videos de seguri­dad cómo los agentes se retiraban del lugar y los presuntos ladrones conti­nuaban con el vehículo. No hubo de­tención. No hubo decomiso. No hubo protección. Solo un acto que dejó perplejos a la joven familia.

Desde ese momento, la víctima reclama un mínimo de justicia. De­nuncia que no existe ni una sola pista de la unidad. La moto sigue desapa­recida. Los presuntos ladrones no han sido identificados y nadie sabe dónde está el vehículo. La institución tam­poco ha informado la identidad de los policías que intervinieron ese día. Hasta ahora, todo son excusas, demo­ras y respuestas vacías. Le piden que vuelva más tarde, que espere noveda­des o que la llamarán cuando haya in­formación, pero la ayuda nunca llega.

La joven gestante quedó desam­parada. Su único sustento desapareció a plena luz del día, frente a una inter­vención policial que no frenó el robo. Su hogar depende de esa motocicleta, su familia sobrevivía gracias a ese in­greso diario, y hoy carece de cualquier respaldo. El caso dejó una marca de impotencia, rabia y miedo entre quie­nes fueron testigos de lo ocurrido.

Una moto perdida. Una familia sin recursos. Una intervención poli­cial que dejó escapar a los presuntos responsables. La escena fue clara y brutal: el vehículo se alejó en manos ajenas mientras quienes debían de­fender la ley se limitaron a observar.