EL “NIÑO MANUELITO” INFALTABLE EN UN NACIMIENTO CUSQUEÑO

Imaginero Óscar Ravelo aun preserva la técnica original para elaborar estas obras de arte.

Con ojos que brillan desde lo más profundo mostrando una mirada tierna, pero a la vez pícara, un pequeño niño concentra la mirada contemplativa de quien tiene la dicha de observar un nacimiento cusqueño.

Pues estamos hablando de su protagonista: el niño Jesús en el pesebre, pero Jesús no es como los cusqueños lo llaman, es el niño Manuelito que no es otrora que la representación mejor amalgamada de la religión con el arte popular, un verdadero sincretismo de la originalidad andina de quienes tienen la dicha de llevar en sus manos el arte de la imaginería, de representar imágenes sacras con valores únicos que forman identidad. Uno de esos grandes maestros es Oscar Ravelo Follana, reconocido como el heredero directo de la prestigiosa estirpe de “Los Follana”, toda una institución si del Niño Manuelito hablamos. “No hay nacimiento cusqueño sin un niño Manuelito”, afirma el artista al mismo tiempo de compartir las características que hacen única a esta representación. “Los rizos definidos con cabello natural, ojos de cristal, paladar y dientes fijados uno por uno y su pequeña lengua son algunas de las características principales e infaltables en una obra”. El material que se utiliza para esculpir al protagonista de Belén es la pasta de arroz cuya composición obedece a una técnica ancestral que garantiza la durabilidad y resistencia de la imagen que recubre un tallado inicial de un niño recostado en madera maguey. “Con sumo cuidado este material nos permite también esculpir las manos y pies con cada dedo bien definido”, agrega Follana.

DE LA ESPINA

El niño de la espina es una variante del niño Manuelito, sentado sobre una silla tallada. La característica principal es la espina incrustada en la planta del pie que hace que brote sangre, la expresión del infante es de dolor, incluso lleva pequeños cristales en el rostro que simulan sus lágrimas. El gran Maestro Ravelo Follana hace referencia a relatos populares sobre esta representación de Jesús. “Esa espina característica representa a la humanidad que cuando comete pecados hinca más el pie del niño, pues aun siendo divino también siente el dolor y mucho más cuando lo inferimos nosotros”, cuenta. “ A este niño se le piden milagros o deseos y cuando estos son concedidos se le debe retirar la espina, pero cuando se requiere otro milagro se debe colocar nuevamente la espina y orar mucho hasta que se le conceda lo pedido”, agregó.

GRAN MAESTRO

Su trayectoria está profundamente ligada a la imaginería religiosa y la escultura. A lo largo de los años, su trabajo no solo se ha limitado a la producción artística, sino que también se ha convertido en un gestor cultural activo participando en la feria de Santurantikuy desde muy joven. “Mi mayor reconocimiento es saber que mantengo viva a tradición de la imagineria popular y que la gente reconozca y valore mi trabajo”.