CUATRO MENORES BURLAN SEGURIDAD DE HOGAR Y UNO DESAPARECE

Descuido en albergue Salome Ferro de la Beneficencia de Cusco donde se registró mas de una fuga.

No se trata de una travesura adolescente. La fuga de cuatro me­nores del centro de atención “María Salomé Ferro”, administrado por la Sociedad de Beneficencia de Cusco, va más allá de un juego de niños. En realidad, el caso evidencia un grave descuido por parte del personal a cargo del cuidado y custodia de los internos. Protocolos de seguridad deficientes, infraestructura inade­cuada para el resguardo y cuidadoras sin capacidad de vigilancia son parte de las fallas detrás de estos inciden­tes, los cuales se han registrado en más de una ocasión en lo que va del año. El episodio más reciente y preo­cupante es la desaparición de cuatro adolescentes, de los cuales uno aún no ha sido localizado.

LA FUGA. El pasado 24 de julio, cuatro menores escaparon del hogar. Dos de ellos, de 14 años, ha­bían sido derivados en mayo y junio por la Unidad de Protección Espe­cial (UPE) al encontrarse en situa­ción de desprotección familiar. Los otros dos, de 17 años, también fue­ron canalizados por la UPE en ju­nio: uno por desprotección y el otro con sentencia de abandono. “Son los cuatro muchachos que abandonaron el hogar; tres de ellos regresaron por voluntad propia, fueron evaluados por medicina legal y se encuentran en buen estado de salud”, comentó el gerente de la institución, Danilo Pa­lomino, quien confirmó que aún se desconoce el paradero de un menor de 17 años, de iniciales L.M.C.

Esa noche, según la versión de los internos, planeaban reunirse con unas amigas, detalló Palomino tras asegurar que recabó la información personalmente. “Contiguo está el hogar Natividad, y se comunicaron con ellas para coordinar la salida”, agregó. Las tutoras ya estaban ad­vertidas del plan de escape; es decir, el rumor de la fuga ya circulaba. “El personal del CAR Natividad advir­tió la posible huida. Entre ambos hogares hay una pared muy baja por donde habrían logrado salir”, relató el funcionario.

Por sus declaraciones, llama la atención que las cuidadoras, a pesar de estar en alerta, no previnieran el incidente. “El personal de Natividad tenía conocimiento de la intención de estos chicos y los equipos de am­bos centros coordinaron para miti­garlo”, dijo el gerente. Sin embargo, admitió que, a pesar de las adverten­cias, los cuatro adolescentes lograron burlar a todo el equipo de cuidadoras adultas.

Trascendió que, al confirmar la huida, el personal intentó iniciar la búsqueda por su cuenta de forma interna. De este modo, evitaron re­portar el caso según el protocolo y buscaron impedir que trascendiera a los medios de comunicación, confia­dos en que los menores retornarían en pocas horas, como había ocurrido antes. No obstante, al mantenerse un menor desaparecido, se vieron obli­gados a dar aviso a las autoridades.

INCIDENTES PREVIOS. Esta no es la primera vez que ocurre un hecho similar. En lo que va del año se han reportado hasta dos inci­dentes parecidos con la fuga de me­nores que, afortunadamente, retor­naron por cuenta propia y en buenas condiciones. Es en este punto donde se cuestionan las condiciones del servicio de protección. “No se con­taba con un servicio de seguridad”, argumentó el gerente como primera justificación. “Apenas asumimos la gestión en junio, buscamos contratar personal de vigilancia”. Los muros que resguardan estos espacios son fáciles de escalar, lo que no solo fa­cilita las fugas, sino que vulnera la seguridad general del establecimien­to. “Como dije, los muros son bajos y los menores salieron por ahí”, res­pondió el funcionario.

Finalmente, el caso pone en tela de juicio el trato que reciben los in­ternos. “En este último suceso debo afirmar que no fue por maltrato; los menores habían planeado esca­par, pero recapacitaron y volvieron al día siguiente”, agregó Palomino. Sin embargo, el factor de descuido o desinterés del personal sigue bajo investigación. “Estamos iniciando un proceso administrativo. Ya tene­mos informes parciales de las coor­dinadoras y se evaluará si amerita un proceso disciplinario para tomar medidas correctivas”, señaló. “Más allá de establecer responsabilidades, debemos evaluar las condiciones en que ocurrieron los hechos”, finalizó.