Efectivo, contratos públicos, empresas proveedoras del Estado y un padre como testigo: documentos oficiales abren un expediente incómodo que exige respuestas, no silencios.
El Expediente Pacheco no nace de una filtración ni de una denuncia anónima. Empieza con un documento público, voluntariamente difundido por su propia protagonista: una carta notarial firmada y exhibida en redes sociales, donde Rosa Cecilia Pacheco Carrasco deja constancia de la entrega de dinero en efectivo para actividades políticas, dinero que luego reclama tras ser retirada de una precandidatura regional. La ruta del dinero, en este caso, no la traza un fiscal ni un adversario político, sino la propia firmante del documento
En esa carta, dirigida al entonces precandidato Iván Aparicio, Pacheco admite haber entregado miles de soles “contantes y sonantes”, sin transferencias ni vouchers, y señala que los retiros se realizaron desde su cuenta bancaria. Más aún, afirma que la entrega se hizo en presencia de su padre, Celso Pacheco Yábar, dejando explícitamente consignada la existencia de testigos. El documento detalla gastos de campaña, movilización, combustible y, de manera particularmente sensible, pagos a prensa, todo ello por un monto que asciende a S/ 80 mil en poco más de un mes.
La pregunta es inevitable y brutalmente simple: ¿de dónde salió ese dinero en efectivo? Para responderla, la revisión de registros oficiales muestra que Rosa Pacheco figura como proveedora del Estado, con pagos que superan los S/ 323 mil en los últimos años como persona natural con negocio. Municipios del Cusco concentran los montos más altos, por servicios de sonido, iluminación y logística de eventos. No prueban el origen del efectivo reclamado, pero sí dibujan un patrón de contrataciones públicas recurrentes.
A esta primera capa se suma una segunda: TRAMUSA, la Empresa Municipal de Transporte Turístico de Machupicchu. Registros del SEACE revelan que, solo en 2024, Pacheco recibió cerca de S/ 120 mil por servicios logísticos para actividades institucionales. Órdenes de servicio sucesivas, montos similares, celebraciones oficiales. La coincidencia temporal con su incursión política no pasa desapercibida.
Consultada directamente, Rosa Pacheco sostiene que el dinero proviene de su actividad empresarial y de su empresa Logísticos Creativos Perú S.R.L.. Y, en efecto, los registros confirman su existencia. Pero también revelan algo más: la sociedad fue constituida junto a José Antonio Nakamura Salazar, empresario del rubro de espectáculos, personaje conocido en el circuito político y empresarial cusqueño. No es una relación circunstancial; es una sociedad formal inscrita en Registros Públicos.
La empresa, con menos de un año de creada, ya registra contrataciones con el Estado por más de S/ 108 mil en 2025. Antes de ella, aparece otra sociedad con los mismos protagonistas: Pepe Nakamura S.R.L., que también recibió pagos públicos por más de S/ 112 mil. Las mismas personas. Distintas razones sociales. Nueva facturación pública. Un patrón que, al menos, merece escrutinio.
Cuando Nakamura es consultado, opta por la distancia. No niega, pero tampoco confirma. Remite a los registros públicos, deslinda responsabilidades y evita asumir una relación empresarial directa en el discurso, pese a que los documentos dicen otra cosa. En el expediente, las palabras chocan con los papeles.
El entorno se completa con una figura clave: Celso Pacheco Yábar, padre de Rosa Pacheco, mencionado como testigo de la entrega del dinero. Exconsejero regional, empresario, y con antecedentes de haber figurado como imputado o investigado en diversos procesos judiciales por delitos como usurpación, estafa o falsificación documentaria, sin que ello implique sentencias condenatorias. No es una acusación, pero sí parte del contexto que rodea esta historia.
El Expediente Pacheco no emite veredictos. Presenta documentos, registros, contratos, testimonios y contradicciones. Una carta notarial. Dinero en efectivo. Pagos a prensa. Empresas proveedoras del Estado. Un padre como testigo. Demasiadas piezas para mirar a otro lado. Porque en la política cusqueña, como tantas veces, lo que hoy se muestra no es el final del caso, sino apenas el inicio de una historia que recién comienza.







