TORONTOY FUERA DE LA LEY EN MACHUPICCHU

Sernanp cierra la ruta Hiram Bingham y destapa una red de omisiones.

Una notificación oficial del Servi­cio Nacional de Áreas Naturales Pro­tegidas por el Estado (SERNANP) confirma lo que se denunciaba pero que no tenía respuesta: la empresa co­munal San Antonio de Torontoy no cuenta con autorización para operar en la ruta Hiram Bingham, principal vía de acceso al Santuario Histórico de Machupicchu. El Acta de Noti­ficación emitida por la jefatura del área natural protegida establece de manera expresa que la empresa care­ce de resolución, contrato, permiso o autorización vigente para desarrollar actividades de transporte dentro de una zona bajo régimen especial de protección.

SIN RESPALDO LEGAL. El documento es categórico. SER­NANP comunica formalmente que cualquier operación en dicha ruta constituye una infracción a la nor­mativa que regula las áreas naturales protegidas y el patrimonio cultural asociado a Machupicchu. No se tra­ta de un trámite pendiente ni de un vacío administrativo: la empresa sim­plemente no tiene respaldo legal para operar en uno de los espacios más sensibles y regulados del país.

La notificación deja constancia de que la empresa fue debidamente in­formada sobre la prohibición y sobre las consecuencias administrativas y legales que podrían aplicarse si per­siste en operar al margen de la ley. El control del acceso, tránsito y activi­dades económicas en la ruta Hiram Bingham es competencia directa del Estado, orientada a garantizar la se­guridad de los visitantes, la conserva­ción del área y el orden en un circuito turístico estratégico para el país.

Este documento marca un punto de quiebre. Confirma que San Anto­nio de Torontoy ha venido operando sin autorización mientras diversas autoridades miraban hacia otro lado. La informalidad no fue un error ais­lado, sino una práctica sostenida en el tiempo, conocida y tolerada, que re­cién ahora queda registrada por escri­to. En Machupicchu, la irregularidad dejó de ser rumor para convertirse en hecho documentado.

DENUNCIA PENAL. En pa­ralelo, una denuncia penal presentada ante el Ministerio Público eleva el caso a otro nivel. El documento apunta di­rectamente al jefe del Santuario His­tórico de Machu Picchu, a quien se le atribuyen presuntas responsabilidades por omisión de funciones, abuso de autoridad y encubrimiento, por haber permitido —por acción u omisión— la operación de unidades de transporte en una vía ubicada dentro de un Área Natural Protegida, sin autorización expresa del propio SERNANP.

La denuncia sostiene que la jefa­tura del Santuario habría sido adver­tida reiteradamente sobre riesgos a la seguridad y al ambiente, incluyendo el uso de unidades no autorizadas y el traslado informal de combustible, sin que se adopten medidas correctivas efectivas. Pese a la existencia de actas de notificación y reportes técnicos, no se dispuso la paralización real de las actividades observadas, lo que confi­guraría una grave omisión del deber funcional.

SIN COMPETENCIA. A este escenario se suma el rol cuestionable de Osinergmin. Pese a que la ley le asigna la fiscalización de la seguridad y formalidad en la comercialización de combustibles, su representante en Cusco, ingeniero Ignacio Martí­nez, sostuvo que la entidad “no tiene competencia” sobre la compra, distri­bución y transporte informal de com­bustible hacia Machupicchu Pueblo, limitando su intervención únicamen­te a los grifos autorizados.

Las declaraciones dejan al des­cubierto un vacío institucional pe­ligroso. Mientras SERNANP pro­híbe formalmente la operación de Torontoy, Osinergmin se declara al margen del traslado de combustible, y otras entidades evitan asumir res­ponsabilidades, la gasolina y el diésel continúan moviéndose por rutas no autorizadas, en condiciones informa­les y sin control, dentro del principal destino turístico del Perú.

Hoy, Machupicchu enfrenta algo más grave que un conflicto adminis­trativo. En juego están la legalidad, la seguridad de miles de turistas y traba­jadores, y la credibilidad del Estado en la gestión de su patrimonio más em­blemático. Los documentos existen, las omisiones están registradas y las advertencias fueron hechas. Si no hay acciones inmediatas, la pregunta ya no será quién permitió esta operación ilegal, sino quién responderá cuando ocurra una tragedia anunciada.