“TIENEN QUE PAGAR”: DANIEL QUISPE CONFIRMA QUE TORONTOY COBRA SIN OPERAR… Y EL PLAN DE RONALD VERA SE DESPLOMA

El acuerdo que nadie debía conocer: pagos, silencio y una ruta turística al borde del colapso

En Machupicchu nada es casua­lidad. Ni el silencio de Torontoy, ni la ansiedad del alcalde de Urubamba, ni la calma con la que Consettur si­gue operando como si nada hubiera cambiado. Detrás de esa escena —or­denada para el público, caótica para quienes conocen la ruta Hiram Bin­gham— se esconde un documento que nunca debió llegar a nadie: un convenio marco sin firmas, pero con voces que lo confirman. Y esas voces hablan demasiado.

El gerente de Torontoy, Daniel Quispe, no solo reconoce su existen­cia: lo admite sin rodeos. “Sí pues, hemos entrado a un acuerdo… un convenio marco”, dice. Y cuando se le pregunta por qué Consettur tendría que pagarle a Torontoy, responde con la naturalidad de quien cree que todo es parte del negocio: “Tenemos un acuerdo para que ellos también pa­guen, porque están bajo el techo de San Antonio Torontoy”.

Ese “techo” es el título habilitan­te. La llave legal de toda la operación. Torontoy no mueve un solo bus, no ingresa turistas, no factura por ser­vicio; pero sí figura como la empre­sa autorizada. Y ese papel, según el propio Quispe, genera obligaciones económicas: “Tiene que pagar… en algún momento tiene que pagar”. Es decir: Torontoy estaría cobrando sim­plemente por existir en la ruta.

El asesor legal de la empresa, Da­río Zuñiga, no despeja la sombra: la confirma. Cuando se le pregunta di­rectamente si Consettur debe pagar por operar bajo el título habilitante, afirma: “Sí, tenemos un acuerdo para que ellos también paguen”. Y aun­que asegura no saber si los abonos ya ocurrieron, reconoce que la obliga­ción económica está plasmada en ese documento que Torontoy no quiere mostrar.

Pero donde la historia da un giro es con una tercera voz: Rodney Du­rán, dirigente de Machupicchu. Él asegura tener fuentes dentro de am­bas empresas. Y lo que le dijeron es tan directo como alarmante: Conse­ttur ya habría hecho pagos. “Un pri­mer abono de 50 mil soles… y la se­mana pasada, 300 mil soles”, sostiene. Y lanza la hipótesis que nadie quiere confirmar públicamente: “Esto sería un chantaje a cambio del título ha­bilitante… así no muevan ni un ve­hículo”.

Durán agrega un dato igual de grave: el acuerdo habría sido firma­do sin el alcalde de Urubamba. “Se habrían sentado sin Ronald Vera y han firmado un convenio marco”, afirma. Esta versión choca con el pro­pio Quispe, quien primero dice que el alcalde “sí conoce”, y luego se desdice: “La verdad, no lo tengo si sabe o no sabe”. En el mejor de los escenarios hay confusión. En el peor, hay ocul­tamiento.

Esa contradicción se vuelve más peligrosa cuando se observa la rea­lidad en la ruta. Torontoy no opera. Sus buses en apariencia no cumplen aún las condiciones técnicas. Conse­ttur sigue subiendo y bajando turis­tas como siempre. Lo que sostiene la operación es un pacto de papel —no público, no transparente— que asigna roles que la ciudadanía no conoce. Y eso coloca al sistema turístico al bor­de del abismo.

Si el acuerdo se quiebra —por pagos incumplidos, por tensiones internas o por intervención muni­cipal— se abre un escenario crítico: Consettur no tiene título habilitante y Torontoy no tiene operación real. La ruta podría paralizarse. Miles de turistas quedarían sin traslado. Y Ma­chupicchu entraría en un nuevo co­lapso que afectaría economía, imagen y reputación nacional.

Por ahora, todo se mantiene por­que “nadie reclama”. Como dijo Du­rán: “Hay una tranquilidad absoluta en Torontoy… y la desesperación del alcalde de Urubamba”. Esa frase re­fleja el tamaño del problema. Porque mientras Torontoy cobra sin operar, el propio alcalde Ronald Vera reco­noció —en una entrevista radial el úl­timo fin de semana— que la situación está fuera de control: “Consettur hoy trabaja de manera ilegal… y si reti­ramos los buses la ruta podría para­lizarse uno o dos meses”. Un alcalde que admite un riesgo de colapso no habla de futuro: habla de un presente que ya está al límite.