Los accesos al Valle Sagrado y Huarocondo también siguen deteriorados. ¿Hacía falta la visita de un papa para que las autoridades reaccionaran?
Los huecos no aparecieron ayer, pero el mantenimiento parece haber encontrado su momento justo ahora. A pocas semanas de la visita del papa León XIV, prevista para el 15 de noviembre, Provías ejecuta trabajos en el circuito vial de Saqsaywaman, una de las rutas que concentrará la atención de visitantes y autoridades. La intervención es necesaria, pero deja una pregunta incómoda: ¿por qué los reclamos de años no consiguieron la misma urgencia que una visita de de esta magnitud?
El gerente regional de Comercio Exterior, Turismo y Artesanía, Rosendo Baca, informó sobre los trabajos y reconoció que otras vías turísticas continúan en condiciones deficientes. Los accesos hacia el Valle Sagrado de los Incas y Huarocondo presentan tramos deteriorados, mientras las gestiones para intervenirlos siguen pendientes. Así, mientras una ruta recibe atención, otras esperan que las coordinaciones se conviertan en acciones concretas. La diferencia evidencia la necesidad de establecer prioridades claras y un cronograma de mantenimiento que no dependa de acontecimientos extraordinarios.
Los transportistas y guías turísticos conocen de memoria los problemas de la zona: baches que obligan a maniobrar, ausencia de veredas y vehículos estacionados en curvas que reducen la visibilidad y ponen en riesgo a quienes transitan por el lugar. Edwin Yabarrena, guía oficial de turismo y propietario de una pequeña empresa de transporte turístico, resumió el malestar con una frase contundente: “Aquí los huecos cumplen aniversario. Las autoridades no existen”. Además, advirtió que turistas y pobladores deben caminar por la carretera ante la falta de espacios peatonales, por lo que planteó construir veredas de entre uno y un metro y medio de ancho a ambos lados de las vías.
A estos problemas se suma el riesgo de que las lluvias agraven el deterioro y compliquen todavía más la circulación. Yabarrena alertó que los conductores deben esquivar los baches, mientras peatones y visitantes quedan expuestos a posibles accidentes. Otro guía de turismo, de nombre Marco reclamó mejorar la conexión entre Saqsaywaman y Tambomachay, además de los accesos hacia Anta y otros sectores del Valle Sagrado. Ambos planteamientos apuntan a una misma demanda: el mantenimiento vial debe ser permanente y no depender de la llegada de una autoridad, por importante que sea.
¿Y DESPUÉS DE QUE SE VAYA EL PAPA? La intervención de Provías es necesaria, pero la cercanía de las obras con la visita papal alimenta la percepción de que las carreteras adquieren prioridad cuando existe el riesgo de mostrar una mala imagen ante los visitantes. No se puede afirmar que la llegada del pontífice sea la única razón de estos trabajos; sin embargo, las autoridades deben explicar por qué los reclamos anteriores no obtuvieron una respuesta de similar urgencia. También corresponde informar qué tramos se están atendiendo, cuánto durarán las labores y qué medidas se ejecutarán en las rutas que continúan deterioradas.
Cusco busca proyectarse como un destino turístico de primer nivel, pero esa imagen no puede sostenerse únicamente con monumentos, paisajes y campañas de promoción. La experiencia de los visitantes comienza en las carreteras y depende también de la seguridad de los recorridos. Las vías en mal estado perjudican a transportistas, guías, comerciantes y pobladores, además de exponer a los turistas a riesgos evitables. Las pistas no son alfombras para recibir dignatarios, ni las veredas un lujo reservado para las fotografías oficiales: son infraestructura básica que debe garantizar condiciones seguras durante todo el año.
El verdadero examen para Provías y las autoridades regionales no será llegar al 15 de noviembre con una carretera transitable, sino mantenerla en condiciones adecuadas después de la visita y atender los demás accesos turísticos que siguen esperando. Para ello, se requiere un cronograma público de intervenciones, recursos definidos y responsabilidades claras que permitan verificar avances y evitar que los reclamos vuelvan a quedar archivados. De lo contrario, el mantenimiento corre el riesgo de convertirse en otro arreglo para la ocasión: apuro antes de la visita y los mismos problemas cuando se apaguen los reflectores.
En Cusco, los huecos llevan años esperando solución y los transportistas no necesitan otra promesa, sino vías seguras y transitables. La visita de León XIV puede ser una oportunidad para corregir deficiencias históricas, pero también dejará en evidencia si las autoridades son capaces de sostener las mejoras cuando desaparezca la presión del calendario. La pregunta queda abierta: ¿los huecos de Saqsaywaman tendrán realmente fecha de caducidad o volverán a convertirse en parte del paisaje apenas se marche el papa?







