BOMBEROS DEL CUSCO: HÉROES FRENTE AL FUEGO, ¿Y QUIÉN LOS PROTEGE A ELLOS?

Nueve muertos y más de 13.350 hectáreas fueron arrasadas por incendios forestales en Cusco.

Mientras las emergencias exponen la magnitud del desastre, los bomberos enfrentan equipos deteriorados, dificultades para movilizarse y una cobertura de apenas 14 compañías para 116 distritos.

Los incendios forestales en Cusco ya dejaron nueve fallecidos y 13.350 hectáreas afectadas, según el repor­te oficial de la Oficina Regional de Gestión del Riesgo de Desastres y Seguridad. La última víctima fue Es­tefanía Villacorta, de 72 años, quien murió durante un incendio registrado el viernes 23 de octubre en el sector de Miscabamba, distrito de Paccari­tambo, provincia de Paruro. El fuego afectó aproximadamente media hec­tárea y fue controlado por pobladores, obreros municipales y autoridades locales. La tragedia vuelve a poner sobre la mesa el costo humano de los incendios y las condiciones en que se enfrenta este tipo de emergencias.

INSUFICIENTE. En lo que va del año se han registrado 375 incen­dios forestales en la región. Detrás de esa cifra hay pastizales consumi­dos, ecosistemas dañados, pérdidas materiales y vidas truncadas. En ese escenario, los bomberos cumplen una labor decisiva: ingresan a zonas de riesgo, combaten las llamas y rescatan a personas y animales. Pero el com­promiso de sus integrantes contrasta con las condiciones que describen para realizar su trabajo. Guantes de­teriorados, botas desgastadas y herra­mientas sometidas a un uso constan­te forman parte de una realidad que no desaparece cuando las llamas se extinguen. La pregunta no es si los bomberos están dispuestos a arries­garse, sino por qué deben hacerlo con una protección que puede resultar in­suficiente.

La dimensión territorial agrava el desafío. Cusco cuenta con apenas 14 compañías de bomberos para atender emergencias en 116 distritos. Cuan­do un incendio ocurre lejos de una estación, el desplazamiento de las unidades puede consumir un tiempo valioso, mientras el fuego continúa avanzando. Espinar figura entre las provincias golpeadas por los recientes siniestros, pero el problema no se li­mita a una localidad: la extensión de la región exige capacidad de respues­ta, vehículos operativos y una distri­bución que permita llegar oportuna­mente a las zonas afectadas.

Las interrogantes también alcan­zan a las autoridades locales. Según la información recogida para este informe, la Municipalidad de Espi­nar habría rechazado un convenio de cooperación con la compañía de bomberos. La decisión requiere una explicación oficial: es necesario co­nocer las condiciones del acuerdo, los motivos del rechazo y sus consecuen­cias para la atención de emergencias. En una región expuesta a incendios forestales, los mecanismos de coope­ración no deberían quedar reducidos a trámites sin resultados visibles. Si una propuesta destinada a fortalecer la respuesta fue descartada, la pobla­ción tiene derecho a saber por qué y qué medidas se adoptaron para cubrir las necesidades que pretendía atender.

La precariedad también se expre­sa en el funcionamiento cotidiano de las compañías. Según indicaron, los bomberos deben afrontar gastos de servicios básicos, como agua y elec­tricidad, además del mantenimiento de sus instalaciones y unidades. Sus integrantes son voluntarios y no reci­ben un sueldo por acudir a incendios, pero esa condición no justifica que la institución dependa de esfuerzos personales para sostener operaciones esenciales. La Ley N.º 29664, que crea el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, establece responsabilidades en materia de pre­vención, preparación y respuesta para las entidades competentes. Por eso, las autoridades regionales y locales deben explicar qué recursos desti­nan a estas tareas, qué necesidades han identificado y qué compromisos concretos asumirán para fortalecer la atención de emergencias.

La labor de los bomberos tampo­co termina cuando consiguen conte­ner las llamas. Durante los siniestros rescatan animales atrapados, buscan cómo llegar hasta ellos e improvisan soluciones cuando las herramientas disponibles no bastan. Esa entrega evidencia una vocación que merece reconocimiento, pero también expo­ne una contradicción: se espera que respondan con rapidez ante situacio­nes complejas sin que siempre estén garantizadas las condiciones para protegerlos. Las donaciones y los homenajes pueden ayudar, pero no reemplazan una planificación soste­nida, equipos adecuados ni vehículos operativos.

Con 375 incendios forestales, más de 13.350 hectáreas afectadas y nueve personas fallecidas, el balance regional no puede reducirse a con­tabilizar daños cuando la emergen­cia ya ocurrió. También exige revisar qué tan preparada está Cusco para responder y qué responsabilidad asumen las instituciones encargadas de la prevención y la atención. Las autoridades deben responder por las observaciones sobre los vehículos y transparentar los recursos destinados a las compañías de bomberos. Por­que cada alarma puede anunciar una nueva tragedia y cada salida coloca a voluntarios frente a un peligro real. El valor no reemplaza los guantes, la vocación no sustituye la protección y llamar héroes a los bomberos no libe­ra a las autoridades de su responsa­bilidad. Quienes entran al fuego para salvar vidas también tienen derecho a contar con las condiciones necesarias para regresar a casa.