ALCALDES SE TIRAN LA PELOTA

Tras decisión del Poder Judicial en caso ladrilleras, Máximo Rimachi prefirió pedir aclaraciones

Por décadas una tragedia se ha estado gestando silenciosamente en el distri­to de San Jerónimo, en perjuicio de todo el Cusco: la contaminación de las ladrilleras informales. Sumando a ello, la falta de decisión firme y res­ponsabilidad de dos figuras clave, el burgomaestre provincial Luis Pantoja y el alcalde Máximo Rimachi, podría costarle con creces a la ciudadanía, pese a que ya hay una decisión judicial que ordena el cierre de estos espacios. Tras varios años de iniciarse un pro­ceso finalmente este año la Corte Su­perior de Justicia del Cusco, decidió en primera y segunda instancia que las ladrilleras debían ser clausura­das, teniendo un plazo solo hasta el 16 de junio. Pero ahí es nuevamen­te donde la tragedia se intensifica. Cuando la sentencia del Poder Judi­cial llegó a las manos del alcalde de San Jerónimo, ordenando el desalojo de las ladrilleras informales que aso­laban su distrito, Máximo Rimachi no encontró la voluntad ni la valen­tía para ejecutarla de inmediato. En lugar de tomar medidas decisivas para proteger a su comunidad de la devastación ambiental y la enferme­dad, buscó excusas y dilató el proceso. El alcalde de San Jerónimo se atrevió a pedir aclaraciones sobre la senten­cia, buscando refugio en la confusión y la incertidumbre. Arrojó la respon­sabilidad hacia la municipalidad del Cusco, argumentando que era esta úl­tima quien debía realizar el proceso de zonificación antes de que él pudiera actuar. En tanto, Pantoja Calvo, tam­bién respondió y dijo que la ley no le facultaba ello, apuntnado nuevamente hacia el alcalde de San Jerónimo.

Pero la responsabilidad de Luis Pan­toja, no queda ahí, el colectivo civil Vida y Medio Ambiente alzó su voz en los últimos días para cuestionar el proceso de zonificación llevado a cabo por la municipalidad del Cusco, en un intento de trasladar a los ladrilleros de San Jerónimo. Sus palabras resonaron con una verdad incuestionable: los efectos serían los mismos, sin impor­tar el lugar al que fueran desplazados. El colectivo cuestionó la intención de la comuna provincial del Cusco de trasladar el problema en lugar de re­solverlo de raíz. Se alzaron contra la idea de que el simple cambio de ubi­cación podría mitigar los efectos de­vastadores de la contaminación y las enfermedades asociadas. Ya que, sin una regulación estricta el ciclo de des­trucción continuaría sin cesar.