¿QUÉ INTENTABAN DESAPARECER EN LA BENEFICENCIA?

Fiscalía y Policía Anticorrupción intervinieron la institución luego de que personal fuera sorprendido triturando documentos fuera del horario laboral.

Lo que ocurrió en la Sociedad de Beneficencia del Cusco difícilmente puede ser tomado como un simple incidente administrativo. En una institución encargada de atender a poblaciones vulnerables, la aparición de trabajadores triturando documen­tos fuera del horario laboral genera una pregunta inevitable: ¿qué infor­mación se estaba intentando hacer desaparecer y por qué precisamente en este momento? La situación fue considerada lo suficientemente grave como para motivar la intervención del Ministerio Público y de la Policía Anticorrupción, que terminaron in­cautando cinco paquetes de papel tri­turado para determinar su contenido.

La diligencia se produce en un contexto especialmente delicado para la Beneficencia. Horas antes, el Di­rectorio había anunciado el retiro de confianza a siete funcionarios debido a presuntas irregularidades detecta­das en procesos internos y cuestio­namientos públicos sobre la gestión institucional. En medio de ese esce­nario, el hallazgo de documentación destruida no hace más que alimentar las sospechas sobre posibles intentos de ocultar información que podría resultar relevante para futuras inves­tigaciones.

La revisión de los fiscales se con­centró principalmente en el área de Logística, una oficina clave para la contratación de bienes y servicios. No se trata de un detalle menor. Precisa­mente es en este tipo de dependen­cias donde se generan expedientes, órdenes de compra, contratos y do­cumentos que permiten reconstruir decisiones administrativas y el uso de recursos públicos. Por ello, la princi­pal preocupación ahora es conocer qué documentos terminaron conver­tidos en papel triturado y si guarda­ban relación con denuncias o proce­sos que vienen siendo observados.

Desde la Beneficencia, el secreta­rio encargado, Iván Figueroa, aseguró que la institución está colaborando con las autoridades y que hasta el momento no existe responsabilidad determinada contra ningún funcio­nario o trabajador. Sin embargo, más allá de las explicaciones oficiales, re­sulta difícil ignorar el impacto que genera para la ciudadanía ver que documentos institucionales eran des­truidos precisamente cuando la enti­dad atraviesa uno de sus momentos más cuestionados. La transparencia no solo se proclama en comunicados; también se demuestra preservando la documentación pública y facilitando el trabajo de los órganos de control.

Las dudas aumentan porque hasta ahora nadie ha explicado con claridad quién ordenó la trituración de esos documentos, cuál era su contenido o si existía algún procedimiento formal que justificara esa acción. Si se trataba de material sin valor administrativo, ¿por qué realizar el trabajo fuera del horario regular? Y si los documentos sí tenían relevancia institucional, la pregunta se vuelve todavía más pre­ocupante. Son precisamente esas in­terrogantes las que ahora deberá res­ponder la investigación fiscal.

La Beneficencia sostiene que no encubrirá irregularidades y que las investigaciones permitirán conocer la verdad. Pero mientras eso ocurre, el episodio deja una sensación difícil de ignorar: cuando aparecen docu­mentos destruidos en medio de de­nuncias por presuntas irregularidades, la discusión deja de ser únicamente administrativa y pasa a convertirse en un problema de confianza pública. Porque más allá de quién resulte res­ponsable, lo que hoy se investiga no es solo papel triturado, sino la posi­bilidad de que alguien haya intentado borrar rastros de información que la ciudadanía tiene derecho a conocer.