VENCEREMOS: EL DISCURSO FEMINISTA QUE CHOCÓ CON SUS PROPIOS CANDIDATOS

Verónika Mendoza aseguró que ninguna persona sentenciada por violencia familiar debía integrar sus listas y asumió responsabilidad política por el caso Vladimir Aranya. Pero no sería el único candidato cuestionado: Marco Antonio Bejar Pauccar, postulante en Saylla, también registra una sentencia por violencia física y psicológica contra su esposa.

Verónika Mendoza ha construido buena parte de su discurso político alrededor de la defensa de los dere­chos de las mujeres y la lucha contra la violencia familiar. Sin embargo, esa bandera terminó chocando con las propias listas de Venceremos. Vladi­mir Mario Aranya Aranya, candida­to a la alcaldía de San Sebastián, fue sentenciado por violencia familiar y, pese a ello, terminó convertido en postulante. Mendoza reconoció que se había cometido un error y asumió responsabilidad política.

El expediente judicial deja poco espacio para las interpretaciones. El 21 de mayo de 2024, Aranya se so­metió a una terminación anticipada y aceptó expresamente su responsabi­lidad por los hechos. Fue condenado como autor de agresión física con­sumada en un contexto de violencia familiar y relación de poder. La pena fue convertida en 304 días-multa, además de medidas de protección, inhabilitación y tratamiento psicoló­gico.

Aranya cumplió las obligaciones impuestas y posteriormente fue re­habilitado. Su defensa sostiene que, al haber cumplido la sentencia, re­cuperó sus derechos y se encuentra habilitado para participar en políti­ca. Pero una cosa es la rehabilitación jurídica y otra muy distinta es negar la existencia de una sentencia. La abogada Rosy Gamarra explicó que la terminación anticipada supone re­conocimiento de los hechos, sustento probatorio y un acuerdo entre el im­putado y la Fiscalía.

El problema, por tanto, dejó de ser estrictamente judicial y pasó a ser político. Mendoza afirmó que había planteado una condición: ninguna persona sentenciada por violencia familiar podía integrar las listas. Sin embargo, Aranya terminó siendo candidato y además aparece junto a la candidata regional en actividades de campaña en San Sebastián. El propio Aranya aseguró que la comunicación con Mendoza “jamás se ha roto” y que ambos mantenían coordinación política.

Pero el caso Aranya no sería el único tropiezo para Venceremos. Marco Antonio Bejar Pauccar, can­didato en Saylla, también fue cues­tionado ante el Jurado Electoral Es­pecial por consignar “NO TENGO” en su hoja de vida pese a registrar antecedentes que debían declararse. Entre ellos figura una sentencia de familia de 2013 que declaró fundada una demanda por violencia física y psicológica contra su esposa, ordenó el cese de las agresiones, el pago de una reparación y terapia psicológica. La resolución quedó consentida.

Bejar no fue excluido de la con­tienda debido a que la resolución correspondía a un proceso de familia y no a una condena penal por delito doloso. El caso fue remitido a Fisca­lización. Sin embargo, políticamente vuelve a abrir una interrogante incó­moda: si Venceremos había estable­cido como criterio no incorporar a personas sentenciadas por violencia familiar, ¿qué evaluación se hizo antes de aceptar esta candidatura?

La situación se vuelve aún más contradictoria cuando se escucha a Aranya evitar una respuesta directa sobre su propio proceso. Consultado públicamente sobre si había admitido los hechos denunciados por su espo­sa, respondió que su abogado ya había explicado la situación. La pregunta volvió a repetirse y el candidato tam­poco respondió de manera directa. El expediente, en cambio, registra que se acogió a una terminación anticipada y aceptó los hechos.

Así, el problema para Venceremos ya no parece reducido a un simple error individual. Hay dos candidatu­ras que ponen bajo cuestionamiento el filtro aplicado por la organización política frente a antecedentes relacio­nados con violencia contra mujeres. Aranya fue condenado, cumplió la pena y fue rehabilitado; Béjar registra una sentencia consentida por violen­cia física y psicológica y fue cuestio­nado por la información consignada en su hoja de vida.

La pregunta final queda sobre la mesa para Verónika Mendoza y Ven­ceremos: ¿cómo funciona realmente su filtro para elegir candidatos? Por­que si la defensa de las mujeres es una bandera política, esa defensa también debería traducirse en decisiones con­cretas al momento de elaborar las lis­tas. A Mendoza se le chispoteó uno. Pero si el caso de Saylla se mantiene en los términos señalados, ya no sería uno. Y entonces la pregunta deja de ser si fue un simple error y pasa a ser mucho más incómoda: ¿quién dejó pasar a los candidatos?