CUSCO, UNA MIRADA A LA CONECTIVIDAD HACIA EL 2028

Por: Ismael Sutta Soto Ingeniero consultor, especialista en Gestión Pública

La región Cusco se encuentra, se­gún el INCORE 2025 del Instituto Peruano de Economía, en el séptimo lugar del ranking general de com­petitividad regional a nivel nacio­nal, escalando una posición respecto al año anterior. Entre los aspectos más relevantes destacan la salud y, por supuesto, el desarrollo turístico, que es el principal motor de la eco­nomía cusqueña. Este sector repre­senta aproximadamente el 15.1 % de su Producto Bruto Interno (PBI) regional y sustenta directamente alre­dedor de 66,000 puestos de trabajo; sin embargo, estimaciones de gremios locales sugieren que más de 200,000 empleos dependen de toda la cadena turística (hotelería, guías, transporte y artesanía).

Uno de los principales desafíos para el crecimiento del sector tu­rístico cusqueño, según el Instituto Peruano de Economía, es su vulne­rabilidad. Se advierte sobre una po­sible contracción debido a la falta de infraestructura adecuada y a los con­flictos sociales, factores que podrían frenar el crecimiento regional. Este constituye un gran reto para las auto­ridades de los tres niveles de gobier­no: trabajar de manera articulada para brindar mejores servicios y garantizar que la infraestructura (transporte, educación y salud) sea óptima. Para ello, es indispensable contar con un presupuesto público adecuado, que permita dar continuidad y sostenibi­lidad a las obras en ejecución.

Sin duda, en los próximos años enfrentaremos el gran desafío de ga­rantizar el desarrollo de la infraes­tructura y los servicios que necesita Cusco, con el fin de mejorar su nivel de competitividad.

Dentro de este contexto, la in­fraestructura vial y de transporte es fundamental. Los proyectos estraté­gicos deben concretarse, y aquellos que ya están en ejecución deben ser priorizados por las autoridades, quie­nes tienen el reto de trabajar de ma­nera conjunta y articulada, más allá de los discursos políticos.

El Aeropuerto Internacional de Chinchero, el proyecto de desarrollo regional más importante del país, se encuentra en ejecución. En los últimos años ha presentado un avance menor al esperado, aunque considero que el ritmo ha sido prudente, evitando solu­ciones perjudiciales como una resolu­ción contractual y eventuales arbitra­jes, que sin duda habrían paralizado la obra. El terminal de pasajeros está en ejecución con miras a concluir en el año 2027. Los otros componentes, como la torre de control y las edifi­caciones auxiliares, se encuentran en proceso de contratación y comenzarán este año. Asimismo, se viene trabajan­do en una solución técnica óptima y de rápida construcción para la pista de aterrizaje.

De acuerdo con el último cro­nograma planteado por la Dirección General de Aeronáutica Civil, el Aeropuerto Internacional de Chin­chero estaría listo en el año 2028. Es fundamental el acompañamiento y seguimiento de todas las autoridades para que se cumplan estos plazos y se garantice la disponibilidad de los recursos financieros durante la ejecu­ción. Para este año se dispone de más de 400 millones de soles.

Sin embargo, surge una pregunta clave: si el 2028 tendremos el aero­puerto concluido, ¿cómo llegaremos a él? Se espera que la infraestructura vial sea adecuada y permita un acce­so rápido y eficiente, convirtiendo el traslado en una experiencia positiva. El Estado ya ha enfrentado proble­mas de conectividad hacia aeropuer­tos internacionales, como ocurrió con el Jorge Chávez y su acceso temporal.

El Gobierno Central, a través del Ministerio de Transportes y Comu­nicaciones (MTC), viene trabajando en tres proyectos importantes de ac­ceso al Aeropuerto Internacional de Chinchero.

El primero conecta la ciudad del Cusco con el aeropuerto mediante la continuación de la Vía de Evitamien­to. Este proyecto se inicia en el puen­te de Agua Buena, recorre la ciudad a través de un viaducto hasta conectar con un túnel que inicia desde la parte final de la avenida del Ejército y con­cluye en Poroy. El proyecto tiene un valor aproximado de 3,500 millones de soles, según el estudio de prein­versión, e incluye una autopista de 14 kilómetros, un viaducto de 7 kiló­metros y un túnel de 4 kilómetros. Se encuentra encargado a ProInversión para su adjudicación mediante una Asociación Público-Privada (APP) cofinanciada desde marzo de 2024. Según información proporcionada por esta entidad, se prevé adjudicar el proyecto a finales de 2026 o inicios de 2027. Posteriormente, se abrirá un escenario retador que incluye la adquisición de predios, liberación de interferencias, elaboración del expe­diente técnico y ejecución de la obra, lo que podría demandar al menos tres años adicionales.

El segundo proyecto, aún más importante, es el acceso directo al aeropuerto de Chinchero, es decir, la continuación de la Vía de Evita­miento una vez que sale del túnel y se conecta con la vía nacional hasta llegar al terminal aéreo. Este tramo de 7.5 kilómetros tiene un valor de 551 millones de soles. El Ministerio de Transportes y Comunicaciones, a través de Provías Nacional, debe con­vocar e iniciar la obra este año bajo la modalidad de Obras por Impues­tos. Para ello, es necesario actualizar el expediente técnico y garantizar la liberación de afectaciones prediales e interferencias en la comunidad de Racchi Ayllu, proceso pendiente des­de el año pasado. El plazo estimado de ejecución es de dos años, por lo que debería estar habilitado en 2028, coincidiendo con la culminación del aeropuerto.

Existe un tercer proyecto de co­nectividad desde Chinchero hacia Urubamba. Este se encuentra en etapa de elaboración del expediente técnico, cuya conclusión está prevista para abril del presente año. Tiene un costo aproximado de 545 millones de soles. Una vez concluido el expedien­te, pasará a la etapa de diagnóstico predial. En este escenario, es necesa­rio definir el mecanismo más idóneo de ejecución, ya sea obra pública o APP, que garantice su construcción con los recursos necesarios y en el menor tiempo posible. Esta decisión debe concretarse en el primer semes­tre del año, con participación del Go­bierno Central, el Gobierno Regional y las municipalidades de Urubamba y Chinchero, asegurando así la sosteni­bilidad social del proyecto.

Existen otros proyectos viales complementarios al nuevo termi­nal aeroportuario, como el camino vecinal Huila Huila – Huatata, que se encuentra en ejecución y debería concluir este año, aunque presenta re­trasos que podrían poner en riesgo su culminación. Asimismo, la vía desde la comunidad de Sencca hacia Chin­chero, ejecutada por el

Gobierno Regional, requiere con­tar con el presupuesto necesario por parte del Ministerio de Economía y Finanzas para garantizar su con­clusión dentro del plazo estimado y antes de la operación del aeropuerto.

En definitiva, cuando observa­mos el Aeropuerto Internacional de Chinchero no debemos ver única­mente la infraestructura aeroportua­ria. La visión de desarrollo debe ir más allá e incluir las vías de acceso, cuya adecuada operación es tan im­portante como el propio aeropuerto. Estamos a tiempo de priorizar estos proyectos que vienen avanzando des­de el Gobierno Central, a través del Ministerio de Transportes y Comu­nicaciones, pero que también requie­ren el compromiso y seguimiento de todas las autoridades.

A ello se suman otros proyectos de conectividad fundamentales para el desarrollo económico y turístico de la región, como el mantenimiento urgente de la vía del Valle Sagrado de los Incas, así como la vía Hidroeléc­trica Santa Teresa – Quillabamba – Kepashiato – Kimbiri, próxima a ser adjudicada, para garantizar la conec­tividad del Valle de La Convención y el VRAEM.

Para el año 2026, el Gobierno Central ha asignado más de 1,088 millones de soles para proyectos de conectividad vial y transporte (ca­rreteras, puentes y aeropuertos) de ámbito nacional, entre inversiones y actividades de mantenimiento. Asi­mismo, la cartera de proyectos del sector Transportes supera los 9,735 millones de soles para cerrar brechas de infraestructura en los próximos diez años.

Sin duda, se trata de un gran reto para las autoridades actuales y futu­ras, a fin de que estas obras se hagan realidad en el menor tiempo posible y consoliden el desarrollo sostenible de la región Cusco.