EXTORSIÓN A DOS ALCALDES DE CANAS: EXIGÍAN HASTA S/ 200 MIL Y AMENAZABAN A SUS FAMILIAS

Dos primos hermanos fueron detenidos cuando intentaban recoger un paquete utilizado como señuelo en un operativo policial.

Dos alcaldes de la provincia de Canas vivieron cerca de un mes bajo amenazas de muerte y extorsión. César Noa García, alcalde de Kun­turkanki, y Walter Oroche Quispe, alcalde de Quehue, recibieron llama­das y mensajes intimidatorios en los que les exigían S/ 200 mil y S/ 100 mil, respectivamente. Los extorsio­nadores no solo reclamaban el dine­ro, sino que amenazaban con atentar contra sus vidas y las de sus familia­res. Como parte de la intimidación, también enviaban fotografías de mu­niciones y explosivos. Las amenazas comenzaron a principios de octubre y se intensificaron durante los últimos días.

El general PNP Virgilio Velás­quez, jefe de la Región Policial Cus­co, informó que ambos casos fueron denunciados por separado, pero las primeras diligencias permitieron identificar indicios de que una mis­ma organización estaría detrás de las extorsiones. Para dar con los res­ponsables se desplegó personal espe­cializado de Inteligencia de Cusco, el Departamento de Investigación Criminal (Depincri) de Sicuani y efectivos de la comisaría de Descan­so. Incluso se coordinó con personal tecnológico de Lima para geolocali­zar las llamadas y rastrear los despla­zamientos de los sospechosos. “En la denuncia nosotros determinamos que era la misma banda que estaba extor­sionando a ambos alcaldes”, sostuvo Velásquez, aunque precisó que esta hipótesis todavía está en investiga­ción.

La intervención se concretó des­pués de que los extorsionadores acep­taran reducir sus exigencias y acorda­ran recibir S/ 50 mil. Sin embargo, los alcaldes tampoco disponían de esa cantidad, por lo que la Policía preparó un paquete con una suma de dinero y elementos ocultos para simular la en­trega. El señuelo fue colocado debajo del puente Asunción, en el distrito de Checca. La noche del acuerdo, Ray Roque Quispe, de 33 años, llegó en una motocicleta para recoger el pa­quete, momento en que fue interve­nido por los agentes. Posteriormente, las diligencias permitieron detener a su primo hermano, Luj Choque­huanca Roque, de 30 años. Ambos permanecen detenidos en flagrancia delictiva. El general aclaró que los S/ 50 mil acordados no fueron colocados íntegramente en el paquete.

Durante el operativo se incau­taron dos teléfonos celulares, una computadora portátil, dos chips, una tarjeta bancaria y la motocicleta uti­lizada para recoger el paquete. Según Velásquez, los celulares contienen los mensajes extorsivos enviados a las víctimas y las respuestas de los alcal­des. Para examinar estos elementos también participaron peritos infor­máticos trasladados desde Cusco.

Respecto a los antecedentes, in­dicó que Luj Choquehuanca Roque registra una denuncia y una carpeta fiscal pendiente por el presunto cobro indebido de un cheque relacionado con un trabajo que no habría cum­plido. Asimismo, ambos intervenidos habrían trabajado en la Municipali­dad Distrital de Checca durante 2013 y 2014. Uno de ellos también sería proveedor de dicha entidad.

Pero el caso tiene un elemento que compromete el ámbito municipal y que todavía requiere explicaciones. La motocicleta incautada tendría registro de propiedad de la Munici­palidad Distrital de Checca. Según las primeras indagaciones policiales, un ingeniero que conducía la unidad habría prestado el vehículo a uno de los intervenidos. ¿Cómo terminó una motocicleta municipal siendo utilizada para recoger un paquete en una operación vinculada con una extorsión? ¿Quién autorizó su prés­tamo y bajo qué circunstancias? «En la investigación se determinará cómo, por qué llega a las manos del presunto extorsionador», manifestó el general Velásquez. Por ahora, tampoco des­cartó que puedan establecerse otras responsabilidades.

El alcalde de Kunturkanki, Cé­sar Noa García, reveló otro detalle inquietante: uno de los presuntos extorsionadores habría alquilado una habitación junto a su vivienda para vigilar sus movimientos. Aseguró que no conocía a los intervenidos ni había tenido problemas con proveedores o trabajadores municipales que pudie­ran explicar las amenazas. Relató que recibía llamadas durante las noches y mensajes en los que advertían que atentarían contra su vida y la de sus familiares. «Uno de los extorsionado­res había logrado alquilar su cuarto justo al lado de mi casa. Entonces nos tenían vigilados cada movimiento», denunció. El burgomaestre también cuestionó que se pretenda asociar el cargo de alcalde con una supuesta disponibilidad de dinero: «Ser alcalde no es sinónimo de tener riqueza».

Por su parte, el alcalde de Que­hue, Walter Oroche Quispe, precisó que las amenazas contra su persona comenzaron el 6 de octubre y que su familia atravesó momentos de angustia. “Desde ese entonces mi familia, que me rodea, hemos esta­do en angustia, momentos difíciles”, relató. Señaló que tuvo que adoptar precauciones ante el temor por su seguridad y destacó que participó en las coordinaciones con la Policía des­de las primeras horas del día previo a la intervención y hasta la madrugada. Ambos burgomaestres agradecieron el acompañamiento de los agentes y pidieron que se esclarezcan los he­chos. La Policía, entretanto, invocó a otras posibles víctimas de extorsión a presentar sus denuncias ante el De­pincri de Sicuani.

Aunque la Región Policial Cusco presentó el operativo como un golpe contra una presunta banda que co­menzaba a operar en las provincias altas, la captura de dos sospechosos no cierra el caso. Todavía falta deter­minar si existen más integrantes, si hubo otras víctimas y qué conexiones permitieron que los presuntos extor­sionadores conocieran los movimien­tos de los alcaldes. También queda pendiente esclarecer la participación de terceros en el uso de la motocicleta municipal. “Si hay más participantes, obviamente durante la investigación vamos a determinar y se va a proceder conforme a ley”, aseguró Velásquez. La investigación deberá establecer las responsabilidades individuales y determinar si detrás de las amenazas contra las autoridades de Canas exis­te una estructura criminal con mayo­res alcances.