DENUNCIAS DE DISCRIMINACIÓN DESTAPAN CONFLICTO EN PISAQ

Pobladores afirman que sus costumbres, espacios y reclamos son ignorados frente al crecimiento de establecimientos cuestionados.

Dos semanas después de que ve­cinos de Pisaq denunciaran presuntos actos de discriminación y exclusión por parte de ciudadanos israelíes asentados en la localidad, la tensión no solo persiste, sino que se ha pro­fundizado. Lo que inicialmente fue presentado como un reclamo por el respeto de las costumbres locales, el orden público y la seguridad ciudada­na, hoy se ha convertido en un con­flicto social que enfrenta a pobladores con autoridades que, según denun­cian, han optado por la indiferencia.

Las primeras denuncias surgie­ron cuando residentes cuestionaron la existencia de establecimientos que restringirían el ingreso de personas que no pertenecen a la religión judía. Para los vecinos, estas prácticas repre­sentan una forma de discriminación incompatible con la legislación pe­ruana y con la tradición de conviven­cia intercultural que caracteriza al Va­lle Sagrado de los Incas. Sin embargo, pese a las reiteradas quejas, los locales continúan funcionando sin mayores restricciones.

La preocupación de los poblado­res va más allá de un problema de ac­ceso. Diversos testimonios recogidos por este medio señalan que algunos establecimientos operarían sin contar con todas las autorizaciones corres­pondientes, situación que habría sido puesta en conocimiento de las auto­ridades municipales sin que hasta el momento se adopten medidas con­cretas. La sensación predominante entre los vecinos es que existe una evidente falta de fiscalización frente a actividades que consideran irregu­lares.

Durante una reciente visita rea­lizada por el grupo Qosqo Times, se intentó ingresar a uno de los es­tablecimientos cuestionados. Sin em­bargo, el acceso fue impedido por sus administradores, quienes argumen­taron que se trataba de un espacio destinado a actividades exclusivas de su comunidad religiosa. Este hecho alimentó aún más las críticas de los pobladores, quienes sostienen que las restricciones no se limitan a deter­minados días de la semana, sino que serían permanentes.

A la controversia se suma una nueva denuncia. Los vecinos que de­cidieron brindar testimonios públicos sobre la problemática aseguran que actualmente enfrentan actos de hosti­gamiento y seguimiento por parte de integrantes de la comunidad señala­da. Aunque estas acusaciones deberán ser esclarecidas por las autoridades competentes, los denunciantes afir­man sentirse vulnerables por haber expuesto públicamente una situación que consideran afecta la convivencia social en el distrito.

La falta de respuestas institucio­nales ha incrementado el malestar ciudadano. Recientemente, la Muni­cipalidad Distrital de Pisaq informó sobre operativos realizados junto a Migraciones; sin embargo, las in­tervenciones estuvieron orientadas principalmente a la verificación de la situación migratoria de ciudadanos extranjeros y no a la fiscalización de establecimientos cuestionados por los vecinos. Para los denunciantes, estas acciones resultan insuficientes frente a la magnitud del problema.

Detrás del conflicto emerge ade­más una preocupación más profunda. Comerciantes, artesanos y dirigentes locales advierten que Pisaq podría estar experimentando un proceso de desplazamiento cultural progresivo, donde determinados grupos econó­micos y sociales adquieren una in­fluencia cada vez mayor sobre la di­námica cotidiana del distrito. Temen que las costumbres, espacios públicos y formas tradicionales de convivencia terminen siendo relegadas por prácti­cas ajenas a la realidad local.

La controversia también ha abierto el debate sobre el papel que cumplen las autoridades frente a si­tuaciones que involucran derechos fundamentales. La Constitución peruana prohíbe cualquier forma de discriminación por motivos de reli­gión, nacionalidad o condición social. Por ello, los vecinos consideran indis­pensable que las instituciones compe­tentes determinen si las restricciones denunciadas vulneran o no el marco legal vigente.

Mientras las denuncias continúan acumulándose y las autoridades man­tienen silencio sobre varios de los cuestionamientos planteados, Pisaq enfrenta uno de los episodios más de­licados de los últimos años. Lo que comenzó como una demanda por res­peto y convivencia ha terminado ex­poniendo una pregunta que sigue sin respuesta: ¿por qué las denuncias de los pobladores no han generado hasta ahora una intervención efectiva de las autoridades encargadas de garantizar el cumplimiento de la ley?