La candidata de Venceremos supera el 30% y ganaría en primera vuelta. Mientras que el postulante del PRIN encabeza la disputa provincial.
Las primeras proyecciones electorales sacuden el tablero político cusqueño. Verónika Mendoza de Venceremos, se perfila como ganadora en primera vuelta para el Gobierno Regional, mientras Albert Arenas toma la delantera en la carrera por la Municipalidad Provincial. Si la tendencia se confirma, la jornada dejará dos mensajes políticos: una ventaja contundente en la contienda regional y un remezón en las fuerzas que disputan el poder municipal.
En la elección regional, Mendoza aparece muy por delante de Iván Aparicio y Héctor Acurio. El resultado preliminar abre la puerta a una victoria sin necesidad de segunda vuelta. El analista David Ugarte sostuvo que la candidata supo capitalizar su experiencia política y capacidad comunicativa, en una campaña en la que, según su evaluación, faltó un debate frontal de propuestas entre los principales aspirantes. Al parecer, sus adversarios no encontraron la fórmula para convertir la contienda en una disputa política capaz de recortar distancias.
Pero la ventaja electoral no significa un cheque en blanco. Si se confirma su victoria, Mendoza tendrá que demostrar que la capacidad para comunicar también se traduce en capacidad para gobernar. En Cusco sobran promesas y faltan respuestas a problemas que llevan años esperando solución. Las urnas pueden abrirle las puertas del Gobierno Regional; la gestión tendrá que justificar la confianza recibida.
Para la Municipalidad Provincial, Albert Arenas encabeza las preferencias, seguido por Sergio Sullca y William Peña. El resultado perfila un cambio en el mapa electoral de la ciudad y pone en primer plano a los sectores de expansión urbana. Para Ugarte, San Sebastián, Santiago y San Jerónimo representan un nuevo cinturón electoral cuyo peso ya no puede ser ignorado. El Cusco monumental, de familias tradicionales y viejas influencias, tendría que compartir protagonismo con los barrios que crecieron en los cerros y que ahora buscan hacer sentir su voz en las urnas.
La ironía es que mientras buena parte de la política sigue mirando al centro histórico para medir el pulso de la ciudad, los votos podrían estar definiendo el poder desde sus periferias. Los nuevos electores no solo reclaman servicios, obras y atención; también empiezan a decidir quién ocupa el sillón municipal. Si la tendencia se confirma, la elección habrá dejado una advertencia para la clase política: el Cusco ya no se gobierna mirando únicamente desde la Plaza Mayor.
Por ahora, el flash electoral marca el rumbo, pero no escribe el resultado definitivo. La ONPE deberá confirmar las tendencias con el conteo oficial. Hasta entonces, Mendoza y Arenas llevan la ventaja en el tablero; después vendrá lo más difícil: demostrar que el respaldo de las urnas puede convertirse en una gestión a la altura de las demandas de la población.







