Una niña de 3 años falleció víctima de agresión sexual por parte de su propio padre, una madre castigó con una severa golpiza a su menor de 11 años y la imprudencia de un chofer dejó sin piernas a una criatura de 3 años.
El 2025 fue uno de los años más violentos para los niños, niñas y adolescentes en nuestra región develando así una completa vulnerabilidad de aquellos a quienes llamamos “el futuro del país”, pero como Estado y sociedad no somos capaces de proteger y cautelar sus derechos, en especial su seguridad e integridad física, sexual y emocional. Las cifras oficiales y los registros de instituciones que se dedican a la protección de menores revelan una realidad estremecedora, la violencia contra menores no solo persiste, sino que se intensifica, por ejemplo, se estima un incremento de hasta 30% de denuncias de violencia contra menores en comparación al 2024. Además 7 de cada 10 casos de violencia infantil se producen en la familia y se registran al menos 15 denuncias por presunta violencia sexual contra estudiantes en centros educativos.
CASOS QUE DUELEN. Más que causar indignación, muchos casos en los que los niños han sido las víctimas, han causado verdadero dolor y conmoción en la ciudanía. La desgracia que a sus cortos 3 años tuvo que enfrentar una niña a quien llamaremos “Rosita” fue probablemente el caso que más sonó y trascendió los límites de nuestra región. Su padre, Mauro P. de 49 años, fue detenido como principal sospechoso de la monstruosa agresión sexual que se produjo en marzo en el distrito de San Sebastián. Este caso resumió todas las formas posibles de maltrato, según las indagaciones desde que nació fue víctima de sendos maltratos, al igual que sus hermanos, no solo físicos y psicológicos con aval de una madre que sometida al vicio del alcohol fue incapaz de proteger a sus menores del enemigo que habitaba su propio hogar. No solo fue la agresión sexual, sino que fue arrojada a un descampado como si su vida y dignidad no valieran nada. El testimonio de la hermana de 12 años fue clave para conocer detalles de aquel nefasto día y de hecho fue ella quien ubico y rescato a la menor que 3 días después falleció en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Regional. Rosita no soportó las lesiones físicas, pero sobre todo las del alma lacerada por la insania de quien se supone debía, más bien, protegerla de todo.
FAMILIAS. Son las familias, contradictoriamente, los escenarios donde se cometen los actos de violencia contra los niños, cuando son estos los espacios que deberían darles la mayor protección. El caso de “Ángel”, un niño que habita en la zona de Wimpillay en Santiago fue protagonista de un video captado por vecinos que virilizaron las imágenes que muestran a su propia madre dándole una soberana golpiza. La mujer fue detenida porque esa no habría sido la primera vez que actuaba de esa forma contra el menor de 11 años y sus hermanos de 3 y 16 que fueron llevados a un albergue del que huyeron días después, ahora se encuentran bajo el cuidado de la abuela materna y la progenitora tiene prohibido acercarse a los niños.
TRAGEDIA. En octubre, la irresponsabilidad, imprudencia y sobretodo la inoperatividad de las autoridades cobraron una inocente víctima, la pequeña Valentina de 3 años que en un instante perdió junto a sus piernitas, también sus sueños y la posibilidad de hacer una vida como las de otros niños de su edad tras ser atropellada por una unidad de transporte urbano en inmediaciones de Vinocanchón. Santos Espinoza conducía con una licencia suspendida y la unidad de transporte tampoco debía circular por no estar en regla, pero lo hacía ante la omisión de la Municipalidad de Cusco de fiscalizar estas unidades. No respeto la señal de desvío y causo una tragedia. Valentina se sobrepuso a la tragedia y contra todo pronóstico salió de su delicada cirugía y se recupera en el calor de su hogar, junto a su madre y sus abuelos. El camino es largo, ella requiere aun del apoyo de los cusqueños para lograr sus terapias y sus prótesis que le permitan recuperar parte de los que ese accidente le arrebato a tan corta edad.
Las normas y las leyes son claras: los niños y adolescentes deben estar cuidados y protegidos por sus familias, el Estado y la sociedad en su conjunto, es una obligación y no hacerlo conlleva a sanciones, pero no necesariamente es así y los más pequeños, inocentes que no pidieron estar aquí, pagan las consecuencias de las tragedias que no eligieron.







